Enter your keyword

Bernice Xanthe

Me Buscas...

siguenos en facebook siguenos en Twitter

sábado, 14 de enero de 2017

ESCRITORA (RELATO 2)

By On sábado, enero 14, 2017




La escritora






Llevaba toda la mañana absorta en su libro tecleando sin parar de vez en cuando encendía un cigarro y releía lo escrito, borraba, revisaba y vuelta a empezar. Esa historia iba acabar con la poca paciencia que le quedaba. Perfecta tenía que ser perfecta. Esas casi setenta hojas ya escritas las repasaba una y otra vez. De vez en cuando desconectaba de su libro y daba un paseo por sus redes sociales, subiendo alguna que otra frase descarada para llamar la atención de aquel que se escondía detrás de la pantalla.
Ese mismo día había tenido que escribir un relato corto para un desafío literario que le habían propuesto y esa misma tarde había leído un relato de una escritora que le había pedido su opinión. Ella siempre accedía gustosa. Pues no se consideraba mejor ni peor que nadie, era distinta simplemente. Para ella escribir era liberador. Con sus palabras escapaba de una vida tediosa y plagada de incoherencias. Allí sola, sentada en su escritorio, consumía las horas entre el humo del tabaco y la música que siempre le acompañaba.
Estaba tensa, muy tensa. Llevaba unos minutos frente la pantalla pensando cómo avanzar en la novela y se había bloqueado de nuevo.
Pensó en él de nuevo, como solía hacer a lo largo del día. Le acompañaba siempre y se sentía a gusto con la presencia de ese hombre que le había robado un pedazo de su corazón. Se dirigió hacia la habitación y se desvistió dejando caer la ropa en el suelo, se paseó durante un rato por la habitación desnuda mientras sentía sus ojos observando con lasciva y ella sonreía a ese gesto adulador.
Salió de la habitación no sin dejar de notar su presencia que le seguía siempre allí donde iba, camino por el pasillo, desnuda, el frío de su casa había erizado su piel y sus pezones despuntaban briosos. Él estaba allí, siguiendo cada uno de sus gráciles movimientos. Llego al baño y preparo la bañera, la lleno de agua mientras destapaba su jabón con esencia a coco y lo mezclaba creando espuma y un aroma embriagador.
Cuando el agua ya hubo llenado por completo la bañera se metió dentro de ella, mientras él la observaba.
Cerró los ojos y se dejó llevar por el momento: Sintiendo como sus manos rozaban su piel húmeda y enjabonaban su cuerpo.
Las sensaciones estaban empezando a causar estragos en ella. Mientras jugaba con sus pezones, rodeándolos, apretándolos, estirándolos y disfrutaba de cada gemido que escapaba de su boca. Entre gemido y gemido dijo: «Arrástrame al infierno contigo»
Cogió el grifo de la ducha y lo dirigió a su sexo, la primera ráfaga de agua le provoco un respingo, ya estaba húmeda después del juego con sus pezones, aumento la potencia y directamente este cayó sobre su clítoris haciendo que su cuerpo se contrajera y sus espasmos crecieran. El vaho generado daba una sensación confortable de calor húmedo por el resto de su cuerpo, su mano seguía jugando con su pezón y la presión del agua había adquirido un cáliz frenético sobre su sexo, provocando ondas de placer en su cuerpo. Mordió su labio cuando empezó a notar la primera ráfaga de electricidad crecer en su entrepierna. El chorro de agua apuntó esta vez más cerca de sus labios sonrosados y eso le llevo a provocar una gran descarga intermitente en su sexo que la catapulto a un orgasmo que relajo cada una de sus terminaciones nerviosas. Culminando por fin y recuperando esa apetecible calma.
Dejo de nuevo el grifo en su lugar y sonrío. Salió de la ducha, seco su cuerpo y se dirigió de nuevo frente al ordenador. Aún estaba desnuda.
Se encendió un cigarro y volvió a escribir de nuevo, para ÉL. Era hora de acabar ese capítulo que había dejado pendiente.




Bernice Xanthe

Cielo e Infierno

By On sábado, enero 14, 2017









Y resurgió de sus cenizas para expiar los pecados carnales.
-¿Tú quién eres? Le dijo la mujer de añiles ojos y tez lechosa.
-Escuché tu canto y no pude más que despertar.- una sonrisa socarrona asomó en su rostro.
-Embrujaste mi alma con tu alquimia decadente- Respondió acercándose.
-Pues soy angel caido y por ti he sumcumbido de nuevo- dijo cerca de ella. Mientras contemplaba a tan hermosa criatura.
¿ Y tú quién eres? Pues bien pareces sirena de canto hipnotizante.
-¿Puedes ver esa estrella que a lo lejos brilla?- le comento señalando grácil con su diminuta mano.
-Sí.
-Ese era mi hogar, cai con las primeras gemínidas..y ya no he podido regresar.
La mujer le observó:
Sus ojos oscuros impenetrables, tez ardiente y brillante, labios carnosos y sugerentes. Casi sintiéndose avergonzada por no poder apartar la vista de tal extraño ser para ella.
Él sentía la irremediable atracción de dos polos opuestos atrayendose.
Como cielo e infierno que eran, pero en zona neutral. En tierra carnal. Dos seres distintos.
La bella estrella y el ángel del purgatorio, admirandose y reclamando sus cuerpos carnales. Que despertaban en la cercanía.
Ella supo que deseaba ser poseída por el demonio de ojos profundos.
Dos titanes que se admiraban y a la vez se repudiaban. Ambos allí sentados, en silencio, bajo el manto lunar se dejaron llevar por la fuerza irresistible de una necesidad adyacente.
Dicen: Que el choque de los dos cuerpos sobre el lecho de la madre naturaleza quebró la tierra bajo sus acompasados movimientos.
Dicen: Que tal fuerza repercutió en los mares que levantaron briosos su oleaje.
Dicen: Que una fuerte tormenta se desató con vientos huracanados devorando todo a su paso.
Dicen: Que sus jadeos resonaban como el eco, haciendo despertar a todo ser viviente a kilómetros
Pues ellos fueron amantes.
Y en ese lugar de la tierra creció el árbol más hermoso jamás visto y un manto de flores le rodeaba. Fortaleciendo ese extraño vínculo que allí se forjó.
Bernice Xanthe.

viernes, 13 de enero de 2017

Quiero ...

By On viernes, enero 13, 2017



Quiero saber, quiero sentir, quiero saber lo que es el amor y quiero que tú me lo enseñes... No Busco más excusas..No las busco.
Solo el deseo ferviente de saber, de aprender de ti.
Llévame por ese sendero de calma rezagada donde el tiempo
dispuso detenerse en nosotros.
Entregando esas horas, esos minutos, esos segundos que necesitamos para mirarnos a los ojos. 
Deja que el aire acaricie nuestra piel mientras nos descubrimos incansables, insaciables.
Siente esa melodía lenta mientras me abrazas, mientras me sonríes, mientras me sientes.
Sigue el ritmo de nuestros cuerpos mecidos por el irrefrenable torbellino de sensaciones.
Quiero saber, quiero sentir, quiero saber lo que es el amor y quiero que tú me lo enseñes... No Busco más excusas..No las busco.
Solo el susurro de unas palabras que me pertenecen, como lo son las mías para ti...
Donde un te quiero se queda corto, donde un te amo no es suficiente, donde unas horas no son más que las manecillas del reloj corriendo abrazada a tu cuerpo...
Deja que el desafío de ser nosotros mismos nos lleve por el sendero correcto.
Pues no pienso soltar esa mano, ni dejar de sonreír a tu sonrisa, ni de admirar el reflejo de tus ojos...
Quiero saber, quiero sentir, quiero saber lo que es el amor y quiero que tú me lo enseñes... No Busco más excusas..No las busco.
Bernice Xanthe

jueves, 12 de enero de 2017

Muy dentro de mí, habitas...

By On jueves, enero 12, 2017
Muy dentro de mí, habitas
simplemente te adentrarse en mí piel
sin el más resquicio de duda, sucumbí
a ese sueño que es ser acariciada y amada
perdiéndome entre sábanas húmedas del 
recuerdo de esas noches en mi pensamiento
Muy dentro de mí, habitas
donde guardo a gritos en secreto tu nombre
mientras la piel erizada me engalana
y unas lágrimas saltarinas bailan sobre mis mejillas
Muy dentro de mí, habitas
pero no llego a rozar con mis manos tu piel
no consigo perderme entre tus labios
y no puedo entretenerme con el olor de tu piel
Aunque muy dentro de mí, habitas
y mis alas desean alzar el vuelo
llegar a tu vera en un remolino de colores
mientras la noche nos envuelve
susurrar a tu oído te amo
Muy dentro de mí, habitas.
y amaneceré solo con lo puesto
tu sonrisa en la madrugada
tus brazos rodeándome
Pues muy dentro de mí, habitas.
Bernice Xanthe

jueves, 15 de diciembre de 2016

Tatuada y marcada

By On jueves, diciembre 15, 2016





Jugaba con las hojas del bloc mientras admiraba los dibujos que Fabián le había dejado. No tenía claro cuál sería su nuevo tatuaje, siempre que iba al local pasaba horas allí. Le encantaba marcar su piel, el sonido de la máquina le producía una sensación increíble, la tinta penetrando su piel creando esos bellos dibujos en ella. Todas esas sensaciones se entremezclaban con el tacto de las manos de Fabián. Él era su quimera, su sueño inalcanzable. Moreno, con el pelo rapado, alto, fuerte y tatuado por todo el cuerpo, pero lo que más le atraía eran sus labios carnosos y jugosos, esos que ella miraba embelesada mientras él se entretenía en hablarle para distraerla. Ese día el tatuaje no era muy grande, solo estaría allí quizá unas dos horas. Eligió el diseño que se iba hacer y se dirigió a Fabián.

Él como siempre le dirigió esa maravillosa sonrisa que le caracterizaba y le hizo pasar a la sala, donde empezó a preparar todo para el tatuaje. Puso su música de siempre, puro Heavy. Como ese día se encontraba solo decidió cerrar el local para no ser molestados, no sería la primera vez que ella se quedaba a solas con él, en si era su tatuador desde hacía años.

— ¿Dónde te voy a marcar esta vez, preciosa? —Le pregunto con su característico acento argentino.

—Creo que este diseño iría que ni pintado en mi baja espalda, donde ya pierde el nombre ¿No crees? —Le insinuó, coqueteando con él.

—Creo que es un lugar muy acertado—Respondió, sonriente. — ¡Fuera pantalones! —Le dijo con la confianza que les caracterizaba a los dos, entre risas.

No sería la primera vez que se desnudaba delante de él, pocas partes de su cuerpo eran desconocidas para el tatuador y más después de doce tatuajes. Se quito los pantalones, había sido precavida y llevaba ese culote negro de blonda que tan bien le sentaba a sus nalgas, reafirmando su culo y otorgando una visibilidad a sus redondeces de manera exquisita.

Él la miro de arriba abajo y carraspeo, mientras ella se colocaba en la camilla boca abajo y satisfecha de haber llamado su atención.

Ya estaba todo preparado, se colocó en su silla al lado de la camilla y con su mano bajo un poco más el tejido de su culote para poder transferir el dibujo de manera correcta en la zona que había elegido, sintió el frío del líquido para el transfer en la piel, y sus pezones respondieron erizándose al tacto de su mano sobre su piel para extender bien el fluido.

—Empezamos, preciosa.

Ella asintió mientras él encendía la máquina y el sonido envolvía la sala.

Le iba hablando y contando cosas de la ultima salida con su Harley mientras adentraba la tinta en su piel, se ocupaba de que estuviera bien y estaba pendiente de como se encontraba a cada momento. Ella solo se centraba en la sensación de las agujas clavándose en la piel, en si no era dolor pues acompañado el movimiento con el tacto de sus manos su piel solo suscitaba deseo.

Un anhelo que provocaba un estremecimiento en sus entrañas y se reflejaba en su piel erizada. Él observaba cada reacción de ella intentando no mostrar inquietud, pero le delataba su polla pulsando contra el tejano, queriendo ser liberada y deseando adentrarse dentro de la mujer que tenía tendida en la camilla.

No sabía cuánto más iba a poder contenerse, ya hacía tiempo que ese sentimiento le despertaba cada vez que la veía entrar para hacerse un tatuaje. Estaba siendo muy duro tatuar esa zona y observar las reacciones a su tacto.

La dura música que escuchaba se confundía con su potente voz mientras le hablaba y con el martilleo del sonido de la máquina y las agujas adentrándose en su piel. Sin darse cuenta emitió un suspiro que sonó más a deseo que a dolor y él paro.

Paso por su piel vaselina para limpiar la zona de sangre mientras ese roce se hacía cada vez más sensual y suave, ella no pudo contenerse y arqueo su cuerpo buscando más contacto sobre el, más calor sobre su piel suscitando en él la lujuria que llevaba rato controlando.

Decidido a calmar el fuego interno que le provocaba el cuerpo de la mujer bajo poco a poco su culote mientras ella seguía sin levantar la cabeza de la camilla pero dejándose hacer, elevo su pelvis para facilitar que pudiera bajar la ropa interior por sus muslos mientras pequeños gemidos se escapaban de su garganta. Le retiro el culote del todo dejándola solo con la camiseta que cubría la parte de arriba de su cuerpo, paseo sus manos sin los guantes de látex que había retirado un momento antes por su piel, empezando por los tobillos y ascendiendo poco a poco por sus piernas hasta llegar a sus muslos.

Se deleitó en ellos recorriendo su boca y abriendo sus piernas para adentrase en su sexo que ya estaba húmedo del solo el roce de sus manos, ahondo con su lengua dentro de su oquedad haciendo que se estremeciera y jadeara, dejo de besar esa zona de su cuerpo que tanto anhelo sentía por él y la giro para mirarla a los ojos mientras le retiraba la ropa sobrante de su cuerpo dejándola completamente desnuda y expuesta. Acaricio sus pechos, se deleitó en ellos un buen rato, estirando sus pezones haciendo que gimiera complacida mientras sus dedos entraban en ella provocando espasmos en su cuerpo.

—Te voy a follar, preciosa—le dijo con una fuerte voz de deseo mientras se quitaba su ropa y dejaba ver su gran cuerpo tatuado.

Ella observaba como su quimera se hacía realidad mientras mordía su labio, deseando que por fin la poseyera. Y de todas las maneras posibles.

Los dos desnudos por fin admiraron sin tapujos esa piel, esos cuerpos que se reclamaban de manera constante desde hacía tiempo.

Él dibujo una sonrisa en su rostro al verse reflejado en los ojos de ellas que incitaban a un deseo anhelado.

Sus labios se posaron por su hombro derecho, besando la zona de manera pausada y calmada mientras sus manos acariciaban su sexo. De pie en medio de aquella fría sala él recorría su epidermis besando los propios tatuajes que una vez le hizo, marcando ese recuerdo con su boca, humedeciendo la zona. Suspiros y susurros de palabras lanzadas al aire, que solo ellos escuchaban y entendían.

Apoyo su grácil cuerpo contra la camilla mientras continuaba besando su espalda y acariciaba el tatuaje que aún no había completado.

—Luego tendremos que acabar el tatuaje—Le dijo al oído.
—Umhhh, claro—Respondió sin dejar de deleitarse contoneando sus nalgas contra la pelvis de él.

— ¿Me quieres volver loco? —Ella sonrío y siguió con su juego decadente, incitando, provocando al hombre y a su lujuria.

Ya no pudo controlar más la incitación que le provocaba y se adentró en ella mientras la mujer tuvo que dejar yacer parte de su cuerpo sobre la camilla por la fuerza de la embestida, provocando en ella un grito placentero. Sus cuerpos ya empezaban a exudar y los jadeos se dejaban escapar de sus bocas, mientras seguía embistiendo con fuerza una y otra vez, besaba su espalda y agarraba sus hombros para adentrarse en ella de manera salvaje, en sí quería fundirse con el cuerpo de esa mujer, ser uno y perderse dentro de ella como nunca lo había hecho en ninguna otra. Una cascada de sentimientos inundaba a la mujer mientras estaba siendo poseída de esa manera irrefrenable, lubricando su sexo de una manera exagerada, cosa que nunca le había pasado, cayendo por sus muslos el fluido de manera casi constante. La necesidad de romper su cuerpo atravesándola con un orgasmo se hizo latente en su fuerza, aumentando las penetraciones consiguió que se partiera en dos blasfemando y gimiendo. Cuando la escucho y le inundo de su más dulce elíxir se dejó ir para llenar su cuerpo de su esencia. Los dos se apoyaron con sus cuerpos aun temblando y sus miradas perdidas en el vacío, con un silencio para nada incómodo y sus manos juntas se entrelazaron creando una unión de cariño.





sábado, 3 de diciembre de 2016

Deseo a mi jefe...

By On sábado, diciembre 03, 2016




No sabía porque lo había hecho. Pero allí se encontraba, miraba de soslayo a su jefe. Él era inalcanzable para las mujeres, un tipo rudo, serio, inaccesible, con un cuerpo de infarto una altura considerable y un rostro anguloso y marcado. Sus ojos azules eran fríos como el ártico. Pero lo había hecho, una apuesta tonta entre compañeras, ella tendría que ser capaz de calentar la hombría del hombre de acero. Lo observo unos minutos, en buen lío se había metido.
Se alisó su falda de tubo que se pegaba a sus voluptuosas caderas, abrió un botón más de la pegada blusa que se ceñía a sus redondeados pechos dejando entrever parte de su sujetador, tomo aire y fue directa hacia él. Esa mañana tenían que preparar una importante reunión y se pasarían parte del día encerrados en el despacho. Las demás compañeras cuchicheaban conforme iba avanzando a la guarida del lobo. Volvió a tomar aire antes de abrir la puerta. ¿Y si era Gay? Esa opción se le había pasado más de una vez por su cabeza, pero la negaba constantemente, no podía ser que con ese aire varonil que desprendía por los cuatro costados no le gustase las mujeres. Y allí estaba, sentado detrás de su gran mesa, llenando el espacio con su sola presencia. Se acercó y se sentó frente a él, intentando que sus movimientos fueran sexys y despreocupados. El olor que desprendía le provocaba escalofríos, era olor a limpio mezclado con un aroma amaderado que diluido en su piel se desprendía de tal manera que te hacía querer cerrar los ojos y perderte en el.
La miro  de manera despreocupada, directamente a sus ojos, una mirada que se clavaba en sus entrañas provocando en su estómago un hormigueo que bajaba directamente a su sexo, haciendo que sus bragas se humedecieran. Desde que trabajaba con él, llevaba siempre ropa interior de repuesto en el bolso.
Sus ojos no se desviaban  ni un milímetro de los de ella, ni para observar de soslayo sus pechos, ni admirar sus piernas vestidas con rejilla. Nada, frío. Era un muro.
Avanzaba la mañana y el nerviosismo frustro se apoderaba de ella. Había intentado captar su atención varias veces, entre ellas, cuando se acerco a servir el café, situándose muy cerca de él y a aproximando sus pechos cerca de su rostro cosa que él evito levantándose de la silla y cogiendo unos papeles de la mesa, no encontraba la manera de aproximarse a su jefe.  
Paso la mañana entre papeles y no encontró el acercamiento ansiado. Ese día saldrían tarde pues la presentación del día siguiente a los clientes se tenía que dejar lista. Cada uno se fue a comer por su lado, las compañeras la asediaron a preguntas nada más llegar a la mesa, ella decidió retirarse y dar por perdida la apuesta. Se abotono la blusa de nuevo, cambio su calzado de doce centímetros que estaban destrozando sus pies por sus cómodas  bailarinas, se recogió su melena pelirroja suelta en un moño despeinado. Volvía a ser la misma chica de siempre.
Llego un poco antes  al despacho y preparo los papeles que faltaban sobre su mesa.  Nada más se acerco ella lo percibió, el aroma que desprendía era inconfundible.
Cerro la puerta mientras ella seguía amontonando papeles en orden, ella escucho sus pasos aproximarse, por un momento dejo de respirar al notar su aliento cerca de su cuello.
Sus manos se posaron en el contorno redondeado de sus nalgas, no podía ni moverse, el corazón se le acelero de una manera que no creía posible mientras las manos de él calentaban su cuerpo y su respiración se tornaba entrecortada.
-No necesitas parafernalias para atraerme- le susurro al oído. No podía  decir palabra alguna.
-Tu esencia no reside en el maquillaje, ni tampoco en una blusa desabotonada ni en unos tacones. Tú eres esencia, tu aroma es esencia, tú eres mujer.
No podía creer lo que escuchaba, jamás hubiera pensado que pudiera decir esas cosas de ella y mucho menos pensarlas.
Agarro sus caderas y se la acerco a su miembro. Noto como estaba erecto y exhalo un suspiro.
-Esto provocas en mí, todos los días. No creas que es fácil trabajar de esta manera, no es cómodo estar constantemente empalmado y excitado.
Mordió el lóbulo de su oreja mientras sus manos pasaban a acariciar sus pechos, despertando sus pezones y provocando que estos se endurecieran ante el deseo y la necesidad que le provocaba su cercanía.
Hizo que apoyara sus manos en la mesa y arqueo su cuerpo, levanto su falda hasta dejar a la vista su pequeño tanga húmedo.
Con su mano deslizo al pequeña tira y sus dedos resbalaron por su raja mojada, provocando que soltara un gemido placentero. Él sonrío al descubrir lo húmeda que estaba. Su miembro pulsaba y necesitaba ser liberado de su incomodo pantalón, se lo bajo dejándolo caer en sus tobillos y se aproximó a su entrada. Noto como su punta jugaba con su oquedad, solo deseaba que su polla le penetrara sin demora. Y así lo hizo, se clavo en ella, mientras con sus manos acariciaba y estiraba los pezones de sus pechos liberados de la ropa.
Embestida, tras embestida, jadeantes, gimiendo, mientras liberaban el deseo oculto que se habían escondido de por tiempo. Hallándose liberados de ataduras  mentales, retozando en placer con brío. Mientras él la penetraba ella tocaba su clítoris, ante la necesidad de que su orgasmo la envolviera, acallaban sus gritos,  y solo se oía el sonido constante de sus caderas  golpeando la una contra la otra. Juntos provocaron que sus cuerpos entraran en combustión, desatando el volcán de su pasión. Cayeron laxos, sudorosos, abrazados  e intentando recuperar la respiración, acompañando el  latir de sus corazones.  
La giro para poder ver el rostro sonrojado de la mujer que había deseado en silencio de por meses, semanas y días. Por fin el anhelo que sentía por ella se había trasformado en piel con piel. Sonrío con una sonrisa que le llegaba a los ojos. Agarro su rostro, y beso los labios de ella, provocando otra leve sacudida en su sexo, sus lenguas se arremolinaron entre saliva. Entregándose de nuevo a la lascivia que emanaba su piel. 


viernes, 2 de diciembre de 2016

El asesino ( Solo para mentes oscuras)

By On viernes, diciembre 02, 2016







“No recuerdo desde cuando hablo conmigo mismo, quizá desde siempre, tal vez desde el día que me dijeron que mis tics me dejaban inservible para seguir practicando la medicina, años y años ayudando a personas, salvando vidas y me daban una puta patada en el culo ¿Inservible? Cerdos arrogantes. Era, soy, el mejor cirujano de la ciudad. El mejor con el bisturí. Admire de nuevo mi obra, valga la redundancia era un dios, y quería llegar más lejos. Ni tan siquiera la policía daba con un perfil psicológico correcto ¡Imbéciles! Como iban a sospechar de una eminencia retirada como yo, con tan solo cuarenta años había dejado el listón muy alto, ¿Tics? Me río en su puta cara y les escupo.”


Click,click,click 123456789 click,click,click. Se repetía una y otra vez en su cabeza. Hacia dos meses desde su última presa. Pero su enfermiza mente estaba ideando un plan. Sentado en la penumbra ideaba la manera de llevar acabo su obra maestra. Se sentía solo, y su mente le jugaba malas pasadas. Dejar de tomar la medicación no había sido la mejor idea. Sus alucinaciones empezaban a ser constantes. Ni el mismo entendía  a veces porque de repente se encontraba hablando con una calavera, era su mejor amigo. Una compañía extraña, cierto. Pero ni le contestaba, ni le llevaba la contraria. Solo le observaba desde esas cuencas ennegrecidas, vacías y sin vida. Huesos, eso era. Pero él se sentía bien  explicándole sus planes.
El olor a formol casi se hacía insoportable al igual que la extrema pestilencia que emanaba de la habitación. Había decidido hacer un cuarto en el sótano. Un lugar cerrado  donde pudiera tener a sus víctimas y trabajar con ellas tranquilamente. El riesgo de despellejar a alguien en la calle era cada vez más inminente. La policía y el F.B.I estaban en alerta roja. Le buscaban y no podía cometer ni un solo error. Por eso se había decidido a limpiar la planta de arriba y trasladar su santuario.
El constante canturreo en su cabeza se repetía una y otra vez mientras en la tenebrosidad del sótano iba preparando lo que sería su santuario. Click, click, click 123456789 Click, click, click.
Puso música, esa canción que sonaba en la mente. Un constante y repetitivo tic acompañaba su ojo, su mano temblorosa sujetaba las piezas con cariño. Las iba bajando una a una colocándolas con una obsesión desmedida. Necesitaba que todo estuviera perfecto no solo para la vista, más bien para su mente infectada de contrariedades. Nueve, nueve veces subía y bajaba las escaleras, con las mismas piezas una y otra vez, una y otra vez. La canción lúgubre se repetía en el viejo tocadiscos, con ese sonido rallante que volvería loco a cualquiera. Los violines ya no sonaban armoniosos, el disco presentaba un desgaste considerable de tantas veces que se repetía, una y otra vez, una y otra vez. Sube, baja, sube, baja y ese constante Click, click click 123456789 click, click, click acompañaba ese inquietante tic en el ojo que conforme avanzaba el día se le empezaba a trasladar a las terminaciones nerviosas del cuello. Una reiteración enfermiza insostenible a los ojos de cualquier persona normal, un espasmo continuo, nueve veces a un lado otras nueve al otro. Y el incesante Click, click click 123456789 click, click, click dentro de su cabeza demente.                 Tardaría días en tener listo el infesto sótano a ese paso. Pero para él era necesaria toda esa parafernalia mental. Su psicopatía se acrecentaba por momentos, mientras gestaba el plan perfecto. Su polla erecta pulsaba contra su pantalón mientras sus manos sostenían la piel de la última mujer asesinada. Era tan bella, tan joven, pura, nívea, como a él le gustaba. Se la acerco a su nariz para oler la esencia que su mente retorcida aun creía que emanaba esa piel sin vida. Era repulsivo comprobar como su excitación crecía por momentos frente a los fragmentos sin vida de las mujeres, pero en su mente esas pieles formaban parte de su hembra ideal. Se masturbaba como un cerdo delante de ellas, con la polla en su mano iniciaba un ritual doloroso. Nueve veces se tenía que masturbar antes de dejar que culminara su orgasmo, no sería la primera vez que dejaba su pellejo casi sangrante. Pero el disfrutaba  y alcanzaba el clímax contenido con sonrisa maliciosa y demente, riendo a gritos.
Pocas semanas quedaban para poder gestar su perverso y enfermizo plan.
Disfruto el momento, se subió los pantalones  y decidió que era hora de descansar. La noche había caído sin casi darse cuenta…

Bernice Oscura 


Popular