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martes, 29 de marzo de 2016

El Metro

El coche se había estropeado y tuvo que salir corriendo en dirección al metro, ya llegaba tarde.
Tenía que hacer una presentación en la feria de negocios de Barcelona.
Bajo las escaleras del metro corriendo, el andén estaba repleto de hombres y mujeres trajeados que seguramente se dirigían hacia Plaza España a la misma feria que él iba asistir.
Aún le quedaban diez paradas para llegar y estaba muy nervioso, solo pensar en llegar tarde a su propia ponencia le sacaba de quicio, no podía estropearse el coche en peor momento.
Cuando llegó el metro los vagones ya iban llenos, era hora punta y en Barcelona el metro ha esa hora era una locura y encima entrarían todos aquellos tipos trajeados dando empujones por buscar un hueco libre.
Parecían sardinas en latas, se mezclaban los perfumes de los trajeados con el sudor de los trabajadores, el día no podía ir a peor.
Cuando arrancó el tren una oleada de gente se movió aprisionando más a los demás,  dejando casi sin respiración por los empujones y apretones, cogía su cartera con fuerza él sabía que en esas situaciones los ladrones hacían el día, era su ciudad y conocía muy bien los cacos del metro.
Otro apretón más que hizo que se clavará la baranda del asiento y en ése momento le embriagó un perfume a coco que le nubló los sentidos.
A menos de dos pasos  del él estaba la mujer más preciosa que había visto en su vida.
Iba arreglada y abrazaba su maletín como si le fuera la vida en ello, no tenía donde sujetarse y se movía a trompicones intentando no perder el equilibrio por el movimiento del metro.
Se fijó en sus precioso ojos azules y en su cabello negro como el azabache, le resbalaba una gota de sudor por el canalillo de la blusa, sólo mirar hacia ella le  producía  un calor abrumador y un dolor en su entrepierna.
Otra parada más y gente que salía y otra que entraba.
El movimiento de gente hicieron que la bella mujer se desplazara mas hacía el lugar dónde se encontraba Hugo, haciendo que sus cuerpos se aproximaran rozándose lo suficiente para que ella se sonrojara.
Hugo la miro embelesado atrapando su fragancia para no olvidar nunca a esa mujer que le estaba trastocando en un vagón de metro.
Ella respiraba acelerada ante la reacción del desconocido que la observaba con ojos encendidos en pasión.
Le atraía ese hombre y le  embriagaba su olor masculino y llamativo como todo él.
Era un tipo muy alto, musculoso sin llegar a ser desagradable con lo que ella podría denominar a sus amigas de " dios griego".
Otro empujón mas en el metro y se encontró apoyada entre los brazos de su dios, no quiso levantar la vista para mirar hacia él pero no hizo el mas mínimo movimiento para soltarse de sus manos, la rodeaba por la cintura mientras su cara lo que hacia era  reseguir su cuello oliendo su fragancia.
Me estaba volviendo loco, su olor a coco se instaló en mis fosas nasales y ya no olía nada más que a ella, sentía como respiraba entrecortada no me miraba pero tampoco soltó mis manos de su cintura.
Nos quedaban solo cinco paradas y no quería perder el contacto que habíamos establecido.
Otro empujón más de un tipo que estaba a espaldas a ella hizo que se aprisionada más en mi y su rocé consiguió despertar mis sentidos, mi bragueta iba a reventar de un momento a otro.
Ella levantó la vista, no nos hablábamos, estábamos sumidos en nuestra pasión eramos dos desconocidos pero no nos importaba.
Su rostro sonrojado a mi rocé me deleitaba, era una imagen digna de grabar en la memoria.
Su boca entreabierta era un dulce pecado en el cual quería entrar.
El solo hecho de estar ten cerca de ella le estaba volviendo loco y notaba la misma reacción en esa bella mujer que le había nublado los sentidos, casi no se dio cuenta de que era su parada, pero ella se movió y le sonrió para bajar a lo que él tuvo  que hacer lo mismo si no espabilada llegaría tardé, la vio perderse entre la multitud y le invadió el desasosiego no se le había ocurrido preguntar su nombre
Cuando llego a la feria se dirigió a la sala donde daría su conferencia preparo su portátil y conectó los cables en el aparato que reproductor para acompañar su charla con las diapositivas que había preparado.
La sala se llenaba por momentos y aunque estaba acostumbrado a las mismas siempre se ponía nervioso.
En el preciso momento que el tipo regordete hizo la presentación él se perdió en la multitud de la gente sentada en la sala y allí la vio.
Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa.
Deseando por primera vez acabar con su charla y acercarse a la mujer que había nublado su ser.

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