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viernes, 29 de abril de 2016

AMOR INCONDICIONAL







Como cada mañana David despertaba al despuntar el alba a su lado Sofía aún dormía mientras  él admiraba su rostro dulce demacrado por la enfermedad y abandonado por ella misma. Sabía que no se levantaría en toda la mañana, estaba deprimida y perdía el día en la cama leyendo o chateando en el club de lectoras románticas; las cuales eran su única compañía.
Él seguía amando y deseándola como el primer día pero su enfermedad había marchitado su mente y aniquilado a la mujer risueña y bella que un día fue.
David admiraba a su mujer. Nunca dejaría de querer poseer su menudo cuerpo ni aun con su pelo corto. Para él ella era bella y en esencia seguía siendo la misma pero ella no lo entendía así; desde que el cáncer se apoderó de ella y su cuerpo cambio se encerró en su mundo.
David  intuía que ella pensaba que ya no le amaba, ni que la deseaba, lloraba por las esquinas y se compadecía de su pérdida. No dejaba admirar su cuerpo desnudo y escondía sus cicatrices por miedo a su rechazo. Pero nada más lejos de la realidad, él nunca la rechazaría él deseaba explorar cada esquina de su cálido cuerpo y recordar cómo era abrazar y besar sus dulces labios pero ella rehusaba sus manos pues huía de cualquier contacto.
David dejó todo preparado, puso una lavadora también preparo algo de comida y fregó los platos de la noche anterior. Él se encargaba de todo y después  iba a su trabajo como contable. Tenía que madrugar más de la cuenta pero no le importaba, entendía su dolor, era su sol, su vida y tenía que hacer que sonriera que fuera feliz otra vez y conseguir que recupera su autoestima perdida y que deseara su roce...
Sofía despertó como todas las mañanas había ocultado a David que ya estaba despierta le oyó recoger la casa y trastear en la cocina pero ella no se movió, no quería ver a su amor que tanto esfuerzo realizaba por ella. Él como siempre antes de salir la beso dulcemente. Ella no entendía qué le pasaba con él. Se desvivía por ella pero su mente le jugaba malas pasadas y ella desconocedora de los deseos de David pensaba que él seguía con ella por compasión.

Se dirigió al baño y miro su reflejo en el espejo, odiaba su pelo corto, odiaba sus ojeras, odiaba su rostro extenuado y se odiaba a sí misma. Odiaba esa maldita enfermedad que había ennegrecido su alma y le había desposeído de su sensualidad de su pasión y de sus ganas de vivir...
Se tomó su café con leche y dejó de lado el desayuno que con tanto afán David le había preparado y como cada mañana se puso un simple chándal para nada sexy pues no quería que le hiciera sentir peor consigo misma, su ropa ya no la usaba.
Encendió su ordenador y entro en el Club de lectores donde se pasaba las horas muertas. Allí nadie sabía de ella nadie tenía consideración en sus palabras por qué nadie sabía de su enfermedad.
Tenía un mensaje privado en el chat del Club. Lo abrió sin prisas quizás con desidia participaba poco más bien leía y leía imaginando las vidas de otros y adentrándose en los personajes de las novelas que comentaban sintiéndose capaz de evadirse con ellos...

Leyó el mensaje tres o cuatro veces anonadada de las palabras escritas en el mismo y perpleja. El remitente tenía una imagen que seguramente no sería la suya, como la de ella misma que tampoco era su fotografía real.

Apuesto que pensarás de mí que estoy loco...
Pero qué locura más bella, que admirar tu cuerpo y desear poseerte...
Que locura más bella desear besar tus labios y absorber tu fragancia...
Que locura más bella admirar como retuerces tu ser a mis caricias complacientes...
Que locura más bella sentir cada espasmo de un orgasmo..
Déjame guiar tu alma;
Déjame ahondar en tu boca...
Déjame desearte en las noches oscuras...
Déjame que guíe tu alma pérdida...
Solo déjame poseer tu corazón perdido...
Quizá sea yo tu luz en tu camino olvidado...
Quizá necesites de mí para atravesar las tinieblas que te persiguen...
Renace mi dulce flor marchita...
Solo tú puedes aflorar en primavera...
Yo cuidaré tu secas hojas y tus marchitos pétalos..
Yo te adoraré cada minuto, cada segundo...
Yo simplemente te amaré...

Sofía volvió a leer las palabras escritas por el desconocido. Una sonrisa asomaba en su rostro entristecido y por un momento se sintió contenta. Unas simples palabras llenaron el espacio vacío que era su corazón...
David regresó a casa y como cada día Sofía ya estaba en la cama encendió un rato el televisor y cogió su libro de poemas. Se despertó dormido en el sofá con dolor por todo su cuerpo otra noche más que pasaba solo, sin conversación alguna y sin el tacto de una caricia ni tan siquiera  los besos de un recibimiento...
Volvió amanecer y sus vidas siguieron. Día a día la misma rutina. David realizaba las mismas tareas y se iba a trabajar pero para Sofía las mañanas y los días empezaban a ser coloridos. Iluminados por la espera del mensaje de su admirador. Cada día a la misma hora recibía un escrito de él y poco a poco había cogido confianza y sus escritos empezaban a ser más íntimos, plagados de una sensualidad que la evocaba. Empezaba a necesitar el contacto, el deseo de ser querida se sentía mal por David pero ese hombre estaba poseyendo su alma con sus palabras; abriendo una puerta que Sofía creía cerrada...
David admiraba el cambió de Sofía y notaba como su piel resplandecía cada día un poquito más como sus ojeras habían disminuido y podía vislumbrar de vez en cuando alguna sonrisa e incluso empezó a esperarlo para cenar.
Los días seguían pasando y Sofía cada vez estaba más contenta y segura de sí misma. Ya hacía las labores de la casa e incluso iba a comprar, se maquillaba y esperaba a David con una sonrisa en los labios...
La noche de su décimo aniversario David  había reservado en uno de los restaurantes más románticos de la ciudad, Sofía se arreglaba en el baño tarareando una canción. Salieron los dos juntos cogidos de la mano hacia tanto que no sentía el roce de Sofía que el cuerpo de David se estremeció...

La cena paso distendida, Sofía reía y le preguntaba cosas a David mientras conversaban amigablemente de cualquier tema; es como si ella quisiera recuperar los meses perdidos.

Al llegar al postre David sacó el regalo de Sofía, era una pulsera preciosa acompañada de un papiro enrollado que ella observó extrañada. David sonrió y se acercó la copa a sus labios mientras ella desenrollaba el escrito...

Si el deseo fuera persona serías tú Sofía...
Si el placer tuviera nombre sería el tuyo Sofía...
Si el amor fuera ángel sería a tu imagen Sofía...
Quiero esta noche amarte como nunca te he amado...
Poseer tu cuerpo como nunca nadie lo poseyó...
Recorrer cada centímetro de tu hermosa piel con mi lengua atrayente...
Desear tu orgasmo, que tiembles en mis brazos...
Besar tu boca y perderme en ella...
A si sin más porque te amo Sofía...
Por qué no hay deseo más ferviente que tu cuerpo...
Temblando en mis brazos...

Tu admirador secreto.

David

Sofía levantó su rostro inundado de lágrimas para admirar al hombre que tenía delante el hombre que día a día había ilusionado su vida el que había devuelto su fuego interno, era él, siempre había sido él. Su amor David.

David  y Sofía fueron hasta casa sin dejar de besarse por las esquinas  mirando sus rostros poseídos por la pasión desbordante que les ardía por dentro. Empujando la puerta para entrar tiraron algunas figuras a su paso mientras exaltados golpeaban los muebles buscando a tientas la entrada a su dormitorio. Arrastraban las ropas que iban desagarrándose mutuamente, como si no hubiera mañana, David besaba el cuerpo de Sofía candente en apasionado por ese maravilloso instante. Su pecho desmejorado tomo casi todas las atenciones de David con dulces besos, Sofía admiraba a su marido, el amor que le procesaba todo lo que ella creía había sido una ilusión creada por sí misma, él adoraba su cuerpo, la amaba y le era indiferente su pecho maltrecho, siguió poseyendo cada centímetro de su piel, admirándola, amándola, deseando que su entrega fuera completa y ahondó en su sexo perdiéndose en el, colmando todas sus atenciones, hasta que Sofía estalló en un orgasmo que la dejó agotada. Pero necesitada cada vez más de David, de su amor, David sonrió al ver el rostro iluminado de Sofía y la penetro al principio con delicadeza, poco a poco, pero el deseo les llamaba, los poseía y empezaron a marcar un ritmo cada vez más salvaje y menos delicado dejándose llevar por sus cuerpos sudorosos, uniéndose una vez más y ellos sabían que no sería la última...

Su unión era y es única...















3 comentarios:

  1. Precioso!! Fascinante!!, se me han saltado las lágrimas.

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  2. Precioso!! Fascinante!!, se me han saltado las lágrimas.

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  3. Gracias Mari.. Todos tenemos a alguien que sufre esta enfermedad amigo, familiar, conocido, fue mi pequeña aportación a su valor.

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