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martes, 26 de abril de 2016

CLAUDIA





CLAUDIA

¨Cinco años, cinco malditos años¨ Claudia se repetía lo mismo en su cabeza desde hacía una semana.

Su vida, su mundo, sus amigos (ahora los de él, porque nunca fueron los de ella) todo despareció ese maldito domingo. Un condenado domingo que se suponía que tendría que ser como todos desde hacía cinco años pero no fue así cambió su vida y la dejó sumida en una depresión que aún le acompañaba por las noches mientras se hinchaba a comer helado en casa con la única compañía de su gato.

¿Pero qué paso con la vida de Claudia? ¿Qué fue lo que cambió su vida que la tenía sumida en la desesperación? Pues es bien fácil, lo que le puede pasar a cualquier ser humano que centra su mundo, en torno a otra persona. La que no hace nada que le guste a ella  por dar placer a ese ser del cual te sientes dependiente de una manera que no llegas casi a entender, lo que pasa a cualquier persona que no ve a sus amigos porque a su pareja no le parecen correctos, lo que le puede pasar a cualquier persona que deja sus hobbies de lado para adaptarse a los de su mitad.

Si su mitad así lo llamaba ella... ¿Su mitad de qué? Se pregunta ahora mientras rebana con sarna el final del bote de su helado de chocolate.

Gabriel el mayor de sus pesares, su mitad, al que entregó su vida durante cinco años decidió de la noche a la mañana que su relación no iba a ninguna parte ¿Y qué coño significaba eso? Porque ella no lo entendía, hasta hace unos días la colmaba de atenciones _ Pero espera ¿Quizás demasiadas atenciones?_ ¿Qué dicen cuando un hombre cambia de golpe para volverse más atento? Ahora con la calma empezó a entender todo, se acordó de ese maldito domingo y lo que su mente no captó aquel día ahora se le aparecieron en ráfagas fulminantes que le machacaban el cerebro. Las miradas cómplices de Gabriel y Elsa se le manifestaron como emerge la virgen de Lourdes y no solo de aquel domingo. Empezó a recordar detalles a los que no había dado importancia, sonrisas cómplices, murmuraciones al oído entre ellos ¡malditos! le habían engañado.
Se sentía avergonzada, humillada, una ira irrefrenable recorría su cuerpo... le había dado toda su vida  de adulta y encima no era ni bueno en la cama, sonrió, por fin un halo de luz resplandeciente se le apareció, creyó volverse loca, pero era verdad, él no le dejaba satisfecha y ella se había resignado, pero ahora eso cambiaba pues podía explorar su sexualidad buscar lo que él no había conseguido nunca; dejarse llevar por sensaciones y explorar nuevos sentimientos.

Tiró los restos del helado a la basura y decidió al día siguiente afrontar su trabajo con una sonrisa en los labios. Recuperaría sus amistades y saldría en busca de carnaza... Viviría de nuevo.

Ese lunes se arregló más de lo normal. Hacía tiempo que no se vestía para ella misma, Gabriel tan quejica como siempre le recriminaba si iba más sexy de lo normal. Es que encima era un machista.
Cada vez que pensaba en él tenía más claro que todo lo que había pasado era lo mejor, podría ser ella, recuperar el tiempo perdido solo tenía 32 años ¡Por dios! estaba en su plenitud y pensaba aprovechar cada momento como si fuera el último.
Llegó a la oficina, sonriente, contoneando las caderas a un ritmo impetuoso. El vestido negro que llevaba marcaba sus sublimes curvas y sus tacones de doce centímetros hacían que sus piernas no tuvieran fin.

Cuando llegó al despacho de abogados donde trabajaba a la primera en encontrarse fue a su compañera, la que había sido su amiga. A la que llevó con su grupo porque no conocía a nadie en la ciudad, la maldita Elsa, ella le miró y se acercó, Claudia solo le hizo un gesto, con su mano, un solo gesto que ella comprendió se dio cuenta que Claudia sabía que ella era la causante de su ruptura.

Claudia siguió avanzando hacia su despacho, orgullosa de sí misma, dejando claro a Elsa que ella no iría llorando por las esquinas. Ya se daría cuenta de quién era Gabriel  ¡oh sí! tarde o temprano ella sería una sombra de sí misma como lo fue la misma Claudia.

Esa mañana tenía una cita importante, con un empresario. Tenían que solucionar un desfalco de un empleado y ella era su abogado su jefe le había asignado el caso hacía dos semanas pero aún no se había reunido con el cliente porque estaba fuera del país por negocios.

Ese día conocería al deseo en persona.
Esperaba tranquilamente en la sala de reuniones, su secretaria había preparado café y pastas para la reunión, los papeles estaban apilados y ordenados. Claudia era muy meticulosa en su trabajo y una buena abogada que seguramente con el tiempo acabaría siendo socia en el bufete.

Oyó murmullos en el pasillo; su secretaria Sonia entró sonrojada.

_ Ya está aquí el Sr. Livermann _ dijo nerviosa y apresurada.

_ ¿Estás bien Sonia? _ Le pregunto Claudia, mientras observaba que la pobre chica. Estaba roja como un tomate.
_ Es un dios _ soltó.
_ ¿Quién?_ Pregunto confundida.
No le dio tiempo a decir más, las puertas se abrieron y su jefe entró y detrás de él “EL DIOS”.

Su pobre secretaria no sabía dónde meterse y ella estaba completamente paralizada. Su jefe hablaba pero él no quitaba sus ojos de los de ella y le estaba poniendo nerviosa, le tendió su mano cuando su jefe hizo las presentaciones y una corriente eléctrica la embargó rápidamente retiró la mano de manera apresurada, no sin antes vislumbrar la sonrisa de él.

Claudia le indicó que tomara asiento, su secretaria no se podía mover y así no le iba a servir de nada ella misma la mandó a su despacho con la excusa que atendiera las llamadas, porque esperaba una urgente; que lógicamente era mentira.

Se dirigió hacia la mesa del café mientras notaba su mirada penetrante, detrás de sí, sirvió dos tazas y le acercó una al DIOS.
Su cercanía le hizo estremecer, observaba cada uno de sus movimientos y se removía nervioso en la silla.
La reunión transcurrió distendida, le explico cómo llevaría el caso aunque sinceramente él sólo asentía y nada más ella le pregunto si tenía dudas, si todo estaba claro porqué era como si él no estuviera pendiente de su conversación.

_ Perfectamente._ Cuando habló el sexo de Claudia se humedeció, no lo pudo evitar.
Nunca había escuchado una voz tan sexy en su vida.
Él la miró y volvió a sonreír.
Claudia dio por zanjada la reunión. Le dio la espalda un momento para abrir la puerta, pero no le dejó. Noto su cuerpo pegado al de ella y una dura erección se le clavaba al final de su espalda, le costaba respirar, se sentía agitada; él se acercó a su oído...
_ Esta noche, en el Xantibil. Te espero allí a las diez en punto. No te retrases _ se separó de ella dejando su cuerpo frío y añorando su pérdida.

Él la sonrió y colocó bien su paquete. Salió del despacho dejando a Claudia necesitada de más. Necesitada de ese DIOS que le hacía mojar las bragas de manera inconsciente.

Se sentó en su mesa con pensamientos enfrentados ella sabía que no era profesional quedar con un cliente  pero su deseo era apremiante y la voz de aquel hombre la tenía  excitada. Siempre podía acceder a la cena y después ya vería...

Le pasó el día lento. Pero allí estaba plantada delante de uno de los restaurantes más lujosos de Barcelona con un vestido rojo hasta las rodillas con un corte años 50 que marcaba sus curvas.
Estaba tan nerviosa que no encontraba el momento de mover sus piernas en dirección al local, tardó unos segundos pero al final entró.
Observó nerviosa a su alrededor y una rubia despampanante se le acercó. Claudia preguntó por su cliente y la mujer le acompañó a un reservado del local aún  no había llegado, eran las diez menos diez. Pidió un vino y se sentó a esperar más nerviosa que antes si cabe.
El tiempo transcurría lento y pesado y Claudia sentía la pesadez de sus nervios en la boca de su estómago.

Lo vio entrar y su sola presencia envolvía la estancia. Las mujeres se giraban admirando la obra andante de su cuerpo de adonis, era cautivador, ojos negros y profundos, pelo oscuro y espaldas anchas...

_ Buenas noches, Claudia._ Su voz la dejó helada.

_ Sr. Livermann_ consiguió articular mientras le tendía la mano.

_ Adam_ dijo sonriendo.

Claro no podía ser otro nombre. El del primer hombre que pobló la tierra, sonrió de manera nerviosa.

Adam tomó la iniciativa en lo que a  la cena se refería, recomendando a Claudia los platos más exquisitos del restaurante, al principio la cena fue de lo más normal dos personas que se interesan por la vida del otro para conocerse un poco mejor. Cuando el camarero acercó el postre le pidió que cerrara el reservado con unas cortinas en las que Claudia por los nervios ni se había fijado.

Adam se acercó a ella  de manera insinuante su cercanía la ponía muy nerviosa y él lo notó;

_ Es hora de comerse el postre. Llevo mucho rato aguantándome las ganas de poseerte._ Claudia enrojeció.

Adam la elevó hasta que la sentó en la mesa en donde hacía unos minutos habían cenado, empezó besando su cuello y lamiendo. Cogió el chocolate que había servido el camarero y lo untó con vehemencia por su cuello y escote, Claudia jadeaba, el placer que sentía en ese momento la volvía loca no solo la estaba excitando estaban en un lugar público y eso hacía que su piel ardiera envuelta en deseo y un morbo que no conocía la atrapará.

Adam siguió con su dulce agonía destapó sus pechos para embadurnar de chocolate y mordisquear de manera compulsiva. El cuerpo de Claudia se arqueaba deseoso de que el placer le invadiera.

La mirada de Adam la deslumbraba, quería más de él y lo necesitaba todo. Como si Adam leyese sus pensamientos le subió la falda para acariciar su sexo húmedo y solo el roce le hizo estremecer, con pequeñas convulsiones. Adam llevó su dedo a la boca para saborear los fluidos de Claudia, esa imagen tan sensual se le grabó en la memoria.

_ Eres exquisita. Lo supe nada más verte esta mañana _ le dijo Adam mientras lamia su cuerpo.

_ Dios, Adam, no puedo más _ Inquiero Claudia.

_ Dime que deseas. Dímelo _ Adam sabía cómo excitarla y su sola voz la volvía loca.

_ A ti, te deseo a ti. Dentro de mí _ Claudia pensaba que moriría allí mismo si ese DIOS no la poseía.

Adam le rompió las bragas de una manera que a ella le pareció lo más sexy que ningún hombre había hecho y de una embestida rápida y concisa penetró en ella provocando que su cuerpo convulsionara. Nunca nadie le había hecho sentirse mujer de la manera que Adam lo hacía. Las embestidas eran fuertes y concisas y mientras le lamia y mordía los pezones. Claudia empezó a sentir como en su interior crecía un orgasmo poderoso, quería alcanzar el clímax  lo necesitaba lo ansiaba pues su cuerpo empezó a estremecerse furiosamente como nunca en su vida. Tuvo un orgasmo salvaje que hizo que sus fluidos resbalaban por sus piernas, jamás le había pasado. Se avergonzó por un instante pero al mirar la cara de deseo de Adam y cómo su cuerpo se dejo ir detrás de ella, supo que esa excitación y que esa locura no tenía nada malo que era algo normal, quizá algo que ella aún no había experimentado pero ahora no pensaba dejar escapar esa demencia que la embriagaba.

_ Eres preciosa. Adoro tu piel enrojecida después del sexo._ Adam la admiraba, ni en cinco años con Gabriel había sentido esa admiración. Esa manera de mirarla, le hacía sentirse mujer; como nunca se sintió.
_ Ha sido increíble Adam.
_ Pues espero repetir. Esta noche y todas las noches siguientes Claudia.




























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