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sábado, 23 de abril de 2016

Relato erótico de Sant Jordi

Jordi era un chico normal, saludable, deportista y protector , vivía en un barrio que con los años y por culpa de la crisis se había convertido en un lugar peligroso donde vivir, la mafia del Dragón se había apoderado de las calles donde antes él y sus amigos jugaban y disfrutaban, ahora las calles estaban impregnadas de suciedad, vivían rodeados de yonkis que dejaban a la vista las agujas de su decadencia, las drogas, la trata de blancas eran en su barrio ahora el juego de los niños venidos a menos por un mundo decadente y una pobreza envolvente.

Jordi intentaba cada día y cada noche junto a la patrulla del barrio proteger a sus vecinos, limpiaban  el declive diario de unas calles consumidas, intentaban ayudar a las familias más desamparadas, pero el día a día no era fácil en un barrio sin ley, donde la policía no hacia acto de presencia...

Desaparecían las chicas día si y día también, la gula del Dragón era constante, las familias lloraban las perdidas sin poder hacer nada por ellas, la trata de blancas era un mercado en auge que generaba mucho dinero y la mafia invertía su tiempo en buscar bellas chicas para vender en el mercado negro, nadie podía hacer nada, Jordi intentaba proteger a sus vecinas, intentaba vigilar, pero no podía estar en todos los sitios y las chicas de hoy en día no entendían el peligro que corrían cuando paseaban por el barrio con sus faldas cortas, sus labios pintados, eran un reclamo goloso para el Dragón,

Ana era una de esas chicas, su princesa, así la llamaba Jordi que estaba enamorado de ella desde niños, pero ella era distinta, conocía el peligro y disimulaba su cuerpo, siempre iba sin maquillar, vestida con ropas des favorecedoras que ocultaban un cuerpo insinuante repleto de sensualidad, ocultaba su belleza, una belleza que envolvía  a Jordi en sus sueños mas ardientes.

Ana amaba a Jordi en secreto, desde siempre, estaba enamorada de sus ojos grises, de su cuerpo esculpido en el gimnasio, deseaba que sus manos le acariciaran le hicieran sentirse mujer, deseada y poseída por él, pero ella sabia que eso era imposible, era invisible para los hombres, se ocultaba de ellos por el miedo al  Dragón, nadie conocía su belleza, ni admiraba sus curvas, nadie intuía el ferviente deseo de su cuerpo.

Esa noche todo iba a cambiar, cada vez el barrio estaba peor, pero gracias a la insistencia de los vecinos y las desapariciones de las muchachas, la policía iba  a tomar cartas en el asunto, habían montado un dispositivo oculto a los ojos de Dragón con la ayuda de la patrulla vecinal, Jordi les había aportado pruebas de los movimientos que realizaban y esa misma noche iban a cazar al Dragón.

Ana volvía como cada noche de su trabajo agotador limpiando en una empresa, su familia necesitaba el dinero, les habían embargado el piso y en breve serian desahuciados del que era su hogar, de su casa de toda la vida, ella lloraba por las noches escondiendo sus lagrimas de una madre desconsolada  por su mala suerte.

Sintió una presencia a su espalda, el miedo se apodero de ella, no podía ser, ella era invisible, notaba el aliento del Dragon en su nuca, estaba paralizada, sin poder reaccionar mientras el Dragón aferraba sus zarpas a su cuerpo, desgarrando un grito de su garganta.

Todo paso muy deprisa, ella había perdido el conocimiento, oyó leves gritos, luces de sirenas y mucha gente corriendo de un lado a otro, unas manos fuertes conocidas la elevaron del suelo, apoyo su cabeza en un pecho que no le era desconocido, oía el palpitar veloz del corazón de su salvador, el aroma que traspiraba le embriagaba, abrió levemente sus ojos y se encontró con el iris gris de los ojos de Jordi, él la había salvado de las fauces del Dragón, no entendía muy bien como había pasado, pero estaba en sus brazos, su corazón se agitó,admiró su boca entreabierta mientras él sin decir palabra alguna la alejaba del estridente ruido que se oía a sus espaldas.

La llevo en brazos mientras ella sentía el calor que su cuerpo desprendía, a cada paso que daban a ella le apremiaba más y más la necesidad en su sexo húmedo, amaba a Jordi, y su lujuria despertaba en sus brazos.

Jordi siguió andando,  la necesidad de alejar a Ana de aquel lugar era apremiante, sentirla tan cerca le estaba pasando factura y su sexo empalmado era prueba de ello.

Entraron en su casa, no la quería soltar, pero debía de comprobar si ella esta bien, si no estaba herida, tenia miedo, su reacción había sido llevársela de allí, la policía estaba deteniendo al Dragón, que él mismo les había servido en bandeja, había sido una suerte que estuvieran vigilantes si no Ana habría desaparecido aquella noche.

La bajo lentamente Ana no quería soltar su brazos, estaba asustada pero a la vez excitada, Jordi la miró, reviso lentamente su cuerpo, tenia alguna magulladura pero nada importante, le apartó delicadamente el mechón de su pelo alborotado que caía por sus ojos, ella no podía reaccionar, se dejaba hacer, al encontrase sus miradas un deseo oculto se desató, unos besos expectantes, unas lenguas enajenadas se unieron sucumbiendo al placer llameante que les unía.

Jordi la separó sonriente, alcanzo una rosa roja que había comprado ese día para regalársela y empezó acariciar  su cara con sus pétalos, ella admiraba sus movimientos, retiraba su ropa y seguía su juego con la rosa, unos leves gemidos escaparon cuando rozo con ella sus pezones erectos, deseosos de ser tocados, Jordi la agarró y llevo al dormitorio, su pasión oculta, su lujuria contenida se desencadenó, él la veía, para él nunca había sido invisible, esa noche unieron su cuerpo y su alma...

Habían derrotado al Dragón y en su lugar una rosa nació...


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