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sábado, 7 de mayo de 2016

EL VECINO TATUADOR

Estaba tan contenta, ese mismo día organizaba todo para mudarme, por fin dejaba el nido.

Mi madre lloraba desconsolada y mi padre no paraba de darme sermones,¡Ni que fuera a vivir a una comunidad de pervertidos! Y si fuera así, quizás mejor, a lo mejor lograba olvidar al idiota de mi ex.

Mi amiga Elena llegó con la furgoneta de su padre, ya teníamos casi todas las cajas en la puerta, mi padre se daba prisa, no le gusta el desorden...¡Una cosa de la que me libraría, ordenar todo el día! Y mi madre venga a llorar por las esquinas, solo me alejaba de ellos a tres paradas de metro, esta mujer es una exagerada.

_ Mama, por dios deja de llorar, que estoy cerca y Elena esta conmigo_ Intenté apaciguar su malestar, aunque ya sabía yo que nada aliviaría su pesar, no le gustaba mi amiga y encima me iba a vivir con ella.

Cuando acabamos de subir las cajas, mi madre se despidió con un abrazo y un beso más largo de lo normal, Elena observaba con cara de circunstancias.

_ Ni que me fuera a la guerra mama, que ya tengo 25 años_ Tenía que a ver huido hace tiempo, mis padres son muy conservadores, ahora por fin seré libre de verdad.

Subí sin mirar atrás, mi madre aun lloraba abrazada a mi padre, y miraban como la furgoneta se alejaba.

_ Por fin_ dijo Elena , esbozando una sonrisa.

_ Ya sabes como es mi madre, hace de todo un drama._ Reímos las dos al unisono.

Cuando llegamos al bloque de pisos mi corazón estaba acelerado, habíamos alquilado ese piso juntas ya estaba amueblado, así que solo era subir nuestras cosas, empezamos a descargar cajas en la entrada de la portería, mientras Elena vigilaba de soslayo la furgoneta, no había aparcado bien y seguro que nos multarían, si pasaba la policía por allí.

Sudadas y sedientas bajamos la ultima caja, yo la esperaría en la portería y Elena iría aparcar.
Estaba agotada pero feliz, sentada en una de las cajas, observaba mi móvil, cuando él entró, al principio no me percaté de su presencia, lo primero que me embriagó fue un perfume de lo más sensual, alcé la vista y me encontré con su torneado cuerpo repleto de tatuajes, sus gafas de sol no dejaban que viera el color de sus ojos, me observó un breve momento, mientras sostenía la puerta y entraba la rubia que le seguía, se alejaron, no sin antes él girarse y sonreírme, pero la rubia tiraba de él como una posesa celosa.

Estaba perpleja, plantada allí, embelesada, mi primer pensamiento fue si sería él nuestro vecino o peor, la rubia recauchutada, lógicamente esperaba que fuera él, por lo menos me alegraría la vista cada día.

Llego Elena y empezamos a subir las cajas al ascensor hasta nuestra segunda planta del edificio, en cada planta habían cuatro puertas, dejamos en un lado las cajas que íbamos subiendo y repetimos otra vez la acción de bajar y subir, así hasta ocho viajes, el ascensor no era muy grande y nosotras teníamos demasiadas cosas.

Cuando ya casi estábamos entrando las ultimas cajas se abrió la puerta de enfrente la nuestra, alcé la vista para observar al vecino o vecina con el cual compartiríamos rellano, me encontré con la imagen de la rubia, comiéndose a besos al adonis griego, no llevaba la camiseta puesta y divisaba sus tatuajes.

Estaba ensimismada observando la escena sin poder apartar mis ojos de él, mientras la agarraba de su culo marcando un ritmo constante en contra suyo que me estaba poniendo cardíaca, me sorprendió ver como abría los ojos mientras la besaba y me miraba con sus ojos grises profundos, sabía que tenía que reaccionar, aquello no estaba bien, mientras él le metía mano por todos lados y la besaba me observaba jactándose de su conquista, un grito de Elena desde el interior consiguió que despertara de mi narcosis y puede al fin cerrar la puerta, me apoyé en ella intentando controlar mi respiración acelerada, yo deseaba ser esa rubia, necesitaba que me besara de la misma manera que a ella, todo esto era una locura, no lo conocía, era el primer día que no estaba en casa de mis padres y ya pensaba en como me follaría mi vecino.

Elena me observaba mientras ponía las pizzas que había comprado en el horno.

_ ¿Estas bien Naitare?

_ Si, Elena, perfecta, ahora te cuento, voy a darme una ducha._ La necesitaba.

En la ducha no dejaba de pensar en esos ojos grises, profundos, deseosos, una corriente eléctrica recorría toda mi piel, haciéndome estremecer, salí de la ducha, y me dirigí hacia la sala donde me esperaba Elena rodeada de cajas, sentada en el sofá con una copa de vino blanco y las pizzas encima la mesa.

Le expliqué a Elena lo sucedido mientras ella aparcaba y lo que pasó después en la puerta de la casa del vecino, me miró y empezó a reírse mientras me servia el vino.

_ Vaya, que rapidez, ya has conocido a Gabriel _ dijo sonriendo.

_ ¿Gabriel?_ ¿De que lo conocía ella?

_ Mmm, sí, claro, es tatuador, tiene la tienda en la esquina y fue quien me dijo lo del piso_ dijo mientras masticaba la pizza.

Yo alucinaba, Elena era muy ligera de cascos, seguro que ya se lo había tirado, unos celos extraños invadieron mi mente, ella iba llena de tatuajes, ahora entendía el por qué y de golpe se me ocurrió que me quería hacer uno, solo pensar que estaría a solas con él valía la pena, de pronto mi miedo a las agujas ya no eran un impedimento y eso que Elena llevaba años intentándolo.

No tardamos en irnos a la cama, menos mal que teníamos vacaciones, podríamos arreglar tranquilas el piso, pero mañana sin falta iba a ir a pedir hora para mi primer tatuaje, necesitaba estar cerca de él y oír su voz ¿Como sería?

Me costo dormir horrores, imaginaba sus labios carnosos recorriendo mi piel, sus manos rozando mi sexo, su cuerpo abrazando el mío, estaba completamente obsesionada y por lo poco que me había contado Elena era un don juan de narices y yo una enamoradiza que creía en los príncipes azules y si eran tatuados mejor.

Cuando en el desayuno le dije a Elena que me acompañara a la tienda de Gabriel, se quedó boquiabierta, no salía de su asombro, me inventé la excusa perfecta, vida nueva, tatuaje nuevo, pero Elena no era tonta y río diciéndome que Gabriel me había enganchado, ella me dejó bien claro que las mujeres hacían cola para irse con él a su cama, su aire chulesco, sus tatuajes, su moto, todo lo que un chico malo tenía que tener y eso que tanto atraía a las mujeres, no voy a negar que me molesto, su manera de hablar de él, yo lo quería para mí sola, me estaba volviendo loca.

Al llegar a la tienda entendí lo que Elena me decía, una increíble moto negra tipo custom aparcada en la puerta de la misma, era ya de por si una carta de presentación de lo más sugerente, yo entendía de motos y me encantaban, entramos en la tienda, era bastante grande, a parte de dibujos colgados en la pared que me dejaron boquiabierta, había también toda clase de abalorios moteros, calaveras, decoración, etc...

La chica de detrás del mostrador era una chica menuda, con  el pelo rosa y  diversos piercing y dilataciones en la cara, con tatuajes muy coloridos por todo su cuerpo, vestida moderna, de negro, Elena se acercó a ella y hablo amigablemente, estaba claro que la conocía, yo mientras tanto observaba los cuadros colgados en la pared embelesada, todos ellos llevaban la firma de Gabriel, era muy bueno, supongo que no os he dicho a qué me dedicó, pues bueno soy restauradora, trabajo en el museo de arte, y lógicamente estudié bellas artes, así que reconozco a un buen pintor y Gabriel lo era y mucho.

Nos sentamos con un cuaderno a mirar los dibujos que habían.

_¿ Ya sabes que te vas a tatuar y dónde?_ me preguntó Elena.

_ Ni idea, me gustan las flores y las mariposas.

_ Pues tendrás que tener alguna idea, si no quedaras como una tonta.

_ Quiero algo, que reflejé mi reciente libertad, Elena, y él es un artista como yo, quiero que él mismo lo dibuje_ Tenía claro mi deseo de algo intimo y personal y que mejor que dejar que Gabriel se rebanara los sesos pensando en mi diseño...

Diez minutos después salio de detrás de la puerta que daba acceso a la zona donde tatuaba, se acercó al aparador donde se encontraba la dependienta del pelo rosa y entregó un papel a la chica, no tardó en dirigir la mirada hacía donde nos encontrábamos, nuestras miradas se cruzaron, sentí un reticente hormigueo en todas las células de mi cuerpo, acabo de explicar lo que fuere a la chica y se dirigió a paso lento, sosegado, hacia donde estábamos sentadas, el corazón se me disparo, solo oía el pum, pum, pum, pum, rebotando en mis oídos, no reaccionaba, su mirada me había hechizado, oí que le decía algo a Elena pero ni lo entendí, seguía allí sentada observando como si la conversación que mantenían no fuera conmigo.

_ ¡Naitare, Nai..!_ oí mi nombre, levante la vista, sonrojada y mire a Elena de pie junto a Gabriel observándome confundidos.


... Continuará













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