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lunes, 9 de mayo de 2016

LIBERACIÓN TATUADA ( 3 PARTE)



Sueño, pesadilla, lo que fuera, me dejó más intrigada de lo que ya estaba sobre las sensaciones que Gabriel despertaba en mí, me levanté somnolienta, lógicamente después del sueño no había logrado volver a dormir, decidí darme una ducha y desayunar algo, la casa estaba en silencio, eran solo las seis de la mañana y Elena estaba sumida en su sueño en su habitación.
Me senté en la cama, mi cuerpo estaba entumecido, estiré mi cuerpo tirante y me levanté, salí al salón, todo estaba sumido en oscuridad, no quería hacer ruido para no despertar a Elena y dejé las persianas bajadas, encendí la pequeña luz de pie de al lado del sofá, me dirigí a la cocina hacerme una taza de café, cuando unos ruidos en el rellano llamaron mi atención, no suelo ser cotilla ni nada por el estilo, pero mi impulso fue mirar por la mirilla de la puerta, al principio no logre distinguir nada, seguramente quien fuera no entraba en mi campo de visión y quizás hubiera sido mejor volver a lo que estaba haciendo y dejar de espiar, noté un golpe en mi puerta, de pronto la imagen se volvió mas clara, apoyada en mí puerta había una mujer, podía vislumbrar su melena rubia, por los ruidos lo que estaba haciendo no tenia nada que ver con subir la compra a casa y como si hubiera aparecido de sus pies Gabriel se manifestó delante de mi campo de mí, tenía el pelo alborotado, alrededor de la comisura de los labios se vislumbraba humedad, ya me podía imaginar que había estado haciendo allí abajo apoyado en mi puerta, me entraron ganas de abrir la puerta, una rabia inusual en mi me dominaba, aunque quería alejarme de la visión que tanto me afectaba, no lograba mover un solo musculo, vi como se metía uno de sus dedos en la boca y lo chupaba con deleite y la mano volvió a desaparecer, un pequeño golpe en la puerta me alejo un breve segundo de la mirilla, a la cual volví enseguida, Gabriel tenia apoyada su cabeza en el hombro de la mujer mirando en mi dirección, se sentían los movimientos que hacía con ella, en ese momento noté su mirada, me estaba observando, se había dado cuenta de que estaba allí, espiando el placer que le daba a ella y que yo deseaba solo para mí, no dejo de mirar por encima de su hombro ni un solo momento, nuestras miradas se habían quedado clavadas, suspendidas en el tiempo, mi excitación se acrecentaba por momentos, mi sexo se humedecía, como si él intuyera lo que yo sentía me sonrío lujurioso, mi mano había tomado vida propia y se dirigía a mi dolorido sexo, en busca del placer que necesitaba, su mirada seguía fija en mí, pero en ese instante ella se movió, para besar la boca que yo deseaba, retiré mi mano, me separé de la mirilla, excitada, avergonzada y colérica, la sangre me hervía, sentía posesión por Gabriel, algo que nunca me había pasado, mis sentimientos descontrolados me ahogaban , decidí ir a la ducha, quizás así consiguiera aplacar mi furia contenida.
Me metí en la ducha, el agua caliente rozaba mi cuerpo, empece a sentir alivio a mi entumecimiento, pero mi mente no encontraba calma ¿Por qué siento esa fijación con Gabriel? ¿Me estoy obsesionando?. Deseaba alejar todos los pensamientos sobre él de un plumazo, me centré en la ducha, en el agua cayendo y evité pensar en Gabriel, cuando salí de la ducha estaba más tranquila, me dirigí a la cocina, ya no se oían ruidos fuera y era de agradecer, puse la capsula en la cafetera y esperé hasta que salió el café, me dirigí al sofá y me senté en la penumbra saboreando mi café recién hecho, ya casi eran las siete y media de la mañana, Elena era una dormilona, así que no esperaba que se despertara pronto, decidí que me vestiría y saldría andar un poco, quizás pudiera comprender lo que me pasa con Gabriel.


Me puse ropa cómoda, unos tejanos cortados y deshilachados, una camiseta de tirantes negra del grupo Guns N´ Roses y mis All star negras desgastadas, que mis padres fueran conservadores no implicaba que yo siguiera sus pasos, más bien era todo lo contrario, pero por lo menos ahora cuando me vestía como a mí me gusta, no tenía a mi madre detrás quejándose de mi indumentaria. Otra cosa era cuando tenía alguna reunión en el museo o acto oficial, pero la Nai del día a día era la que más me gustaba, cogí mi bandolera y metí las llaves, comprobé que estuviera todo apagado y salí de casa, no quise ni mirar la puerta de Gabriel y la mía la cerré con repulsión, me tenia que acordar de limpiarla a la vuelta, me dirigía al ascensor cuando oí una puerta abrirse, el corazón me empezó a latir a mil por hora, rezaba por que fuera otro de los vecinos, no tenia ganas de observar otra escena con la rubia y menos aun compartir el ascensor con ella.


_ ¿Donde vas tan temprano? _ Era él, tenía que responder, me giré con gesto tosco.
_ No creo que sea de tu incumbencia, adiós Gabriel._ El ascensor estaba abierto y aproveché para entrar en el lo mas deprisa que pude, cuando ya pensaba que me había librado de él, su mano sujeto la puerta para que no se cerrara, iba descalzo, sin la camiseta, podía ver sus músculos y su cuerpo tatuado, todos sus tatuajes me intrigaban, quería recorrer cada uno de ellos con mis dedos y descubrir el sentido que tenían para él, me observaba, por su mirada pude notar su irritación.


_ No te han enseñado, esos padres tuyos tan conservadores, educación niña._ El calificativo “niña” lo uso con ritintin y maldad, me quería ofender, no sabía a que juego quería jugar conmigo, pero me dolía su tono despectivo.
_ Igual que tus padres a ti no te han enseñado que follar delante de la puerta de tu vecina no es ético._ Aparte su mano lo más rápido que pude y conseguí por fin alejarme de él.
Salí a la calle y inspiré el aire de la mañana, cuando iba a marcharme una mano agarró mi brazo haciéndome girar de manera brusca, era Gabriel descalzo, sin la camisa y en la calle ¿Que quería de mí?

Continuará...


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