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viernes, 13 de mayo de 2016

LIBERACIÓN TATUADA 4 PARTE

Continuación....


_ ¿Te gustó lo que vistes? ¿Te excitó?._ No salía de mi asombro, que le pasaba a Gabriel conmigo, ¿Por qué me avergonzaba de esa manera?.
_ Eres un idiota Gabriel._ No pude decir nada más, me seguía sujetando y me ponía nerviosa.
Él me observo, me penetraba con sus ojos grises y mirada profunda, intentaba zafarme de su mano, pero me sujetaba con fuerza.


_ En dos días tendré tu diseño._ Me soltó y se marchó, así sin más, me iba a volver loca.
Le vi desaparecer dentro de la portería, cerro la puerta, decidí que lo mejor era andar y tomar el aire, por mucho que pensaba que le pasaba conmigo, más me desconcertaba.




Empecé a caminar y acabé sentada en un parque observando a la gente, mientras admiraba el paisaje y el constante ir y venir de los transeúntes intentaba ordenar en mi cabeza las dudas que me generaba Gabriel, tenia claro que si pensaba racionalmente lo mejor que podía hacer era anular la cita para tatuarme con alguna excusa y olvidarme de él, pero esa era mi parte racional y lógicamente a la que menos caso solía hacer, mi personalidad es emotiva y siempre me muevo por impulsos, me dejo llevar por lo que dicta mi corazón, mis sentimientos tiran de mí y Gabriel me provoca muchas sensaciones y mis corazonadas son dominantes en mi persona ¿Entonces que hago?.
La cuestión esta clara, enfrentarme a lo que sentía y al desvarío de Gabriel, me levanté y caminé en dirección a casa, Gabriel no conoce mi carácter, piensa que soy una niñata tonta, pero se va a dar de bruces con una mujer de armas tomar.
La relación con mi ex fue el impulso que necesite para trasformarme en la mujer que soy ahora, fueron dos años de relación, una relación toxica, al principio todo marchaba maravillosamente, lo había conocido en un evento que realizó el museo, me pareció un hombre maravilloso, culto, elegante, atractivo, tiene 10 años mas que yo, es divorciado y me engancho su carácter envolvente, pero nada más lejos de la realidad detrás de esa imagen de hombre culto, acaudalado se escondía el mismísimo demonio, tarde más de seis meses en darme cuenta de lo posesivo y celoso que era, siempre controlando mi vida, donde iba, como vestía, con quien iba… Quizás mi necesidad de amor y pensar que era la primera relación que tenia hizo que me cegara y que entendiera su posesión como simple galantería, poco a poco su carácter se volvió mas tosco, me anulo como mujer, me decía que ponerme dándome la excusa de que él era un hombre mas cultivado y que lo hacia por mi bien, que él seria mi maestro, intento amoldarme a su vida a sus hábitos y así empezó el maltrato psicológico, no tenia fuerzas para discutir y para que él estuviera contento cedía a todas y cada una de sus imposiciones.
La situación en mi casa tampoco ayudaba a que yo saliera del pozo en el que me sumí durante esos dos años, mi padre era un hombre rudo, conservador, el trato hacía mi madre siempre fue correcto, pero para mi padre era solo una mujer para estar en casa y criar a sus hijos, por lo tanto la relación y el trato que me imponía Rubén le parecía perfecto, incluso decía que quizás era la persona perfecta que me haría entrar en vereda, podéis imaginar como me sentía yo, por un lado intentaba liberarme de su asedio constante y por otro sentía que no cumplía con mis obligaciones, tal y como me recordaba mi padre cuando llegaba a casa llorando por alguna discusión, él opinaba que la culpa era mía, que la equivocada era yo, así paso el tiempo y cada día era menos yo y más la imagen que quería él de mí, la sombra de la duda me asaltaba a cada momento, no era feliz, un día discutimos, había quedado con Elena, lógicamente mi amiga no era la clase de relación que me convenía, pero ya hacia demasiado que no quedaba con ella y sinceramente me estaba empezando a cansar de él y de sus ridículas normas, cuando salí de mi casa en dirección a la cita con Elena, Rubén estaba en el coche esperando, no entendí que hacia enfrente mi casa si sabía que no nos veríamos, salio del coche y se dirigió hacia mí, en aquel instante sentí que algo iba mal, su semblante serio y su cara no presagiaban nada bueno.
Ese día fue el día que todo cambió en mí, acabé en el hospital después de la fuerte discusión que tuvimos, dos costillas rotas, el ojo amoratado y el labio partido, fueron el regalo que dejó en mi cuerpo por querer salir con una amiga, lógicamente le denuncié, fue duro, el juicio, sus reproches, pero se quería demasiado así mismo y a su imagen, llego a un acuerdo con mi abogado y salio de mi vida, desde aquel día no permito que ningún hombre me rebaje ni me chulee y Gabriel no sera una excepción.
Voy andando sumida en mis pensamientos, estoy girando la calle que me lleva hasta la puerta de casa cuando me doy de bruces con la imagen de Gabriel y la dichosa rubia delante la portería de casa, Gabriel denota templanza y no se amilana ante los gritos de la mujer, esta histérica, observo el porte de Gabriel, serio, sombrío, los brazos cruzados delante de su pecho mientras ella le golpea y grita sin parar, él no hace nada, ella me ve acercarme, Gabriel esta de espaldas a mí, me lanza una mirada de desprecio, se que la situación es embarazosa, pero quiero subir a mi piso, cuando llego a su lado, Gabriel percibe mi presencia, sigue estando estático, imperturbable, mira directamente a mis ojos y en ese preciso momento el tiempo se detiene, ya no escuchamos gritos, solo estamos él y yo, nuestras miradas se funden acrecentando un deseo que se percibe en el aire, ella nos observa a los dos, furiosa, intento desconectar mi mirada de él, no se cuanto tiempo llevamos así, Gabriel vuelve a mirar a la rubia y yo recupero el control de mi misma y entro a la portería, él me sigue, dejando allí plantada a la mujer, que ahora llora desconsolada, cierra la puerta en sus narices sin un atisbo de duda, su frialdad es latente, llega a mi lado y esperamos los dos en silencio el ascensor, puedo percibir su olor masculino y embriagador, me seduce, mi nerviosismo se hace latente, la tensión se puede cortar con cuchillo.
Cuando el ascensor llega, subimos, yo me coloco lo más alejada que el pequeño cubículo me permite estar de él, no dice nada, el silencio nos acompaña en lo que a mí me parece una eternidad, cuando llegamos sale sin mirar atrás, yo salgo detrás de el en dirección a mi puerta, cuando se para.


_ Mañana a las seis, en el estudio, quiero enseñarte lo que llevo dibujado._ Me dice eso y entra en su casa cerrando la puerta tras de si, yo me quedo con la palabra en la boca y sin entender ese comportamiento distante y frío que tiene conmigo.
Este hombre me va a sacar de mis casillas”_ Pienso mientras cierro la puerta.
Elena esta sentada en el sofá enfrascada en un libro, se gira al verme entrar y deja el libro encima la mesa.
_ Por fin apareces, iba a llamarte ¿Donde has estado?
_ He salido a dar una vuelta_ Le digo levantando mis hombros, restando importancia a mi escapada matutina.
_ Voy a ir a visitar a un amigo, seguramente esta noche no duerma en casa._ Ya me parecía a mi raro que Elena no hiciera algún escarceo con alguno de sus amantes, ella no se ataba a ninguno, los tenía ahí en su agenda para cuando su necesidad era apremiante, me reí.
_ De acuerdo, yo iré a comer a casa de mis padres y después vendré a casa.


Los planes no eran muy alentadores, no me apetecía nada ir a ver a mis padres, pero si después de dos días no realizaba la visita de rigor, mi madre se presentaría en mi casa histérica, y no me apetecía que se encontrara con Gabriel, era lo ultimo que me faltaba.
Llegué a casa tardísimo, mi madre no me dejaba irme, se paso toda la tarde dándome la tabarra con sus tonterías, mi padre casi no me hablaba, seguía enfadado conmigo, decía que no era normal a mi edad vivir con una pervertida y que a saber como acabaría yo con las compañías que frecuentaba.
Mi madre me había preparado comida para toda una semana, la metí en el congelador y fui a darme una ducha, me pondría algo cómodo y vería un rato la televisión o quizás leyese un buen libro en la cama.
Estaba tan cansada, que caí en la cama sumida en un profundo y revelador sueño.


En una época donde el sexo era tabú y era algo que solo se comentaba a media voz y en rincones escondidos donde prevalecía la ignorancia, explorar tu cuerpo o tener pensamientos lujuriosos era pecado…
Andaba por las calles, tapada, ensimismada en mis pensamientos, no me sentía acorde a esos callejones sucios, la pobreza, el hedor que emanaban, no sabia bien donde me hallaba ¿era otra pesadilla? Mis ropajes eran pobres, nauseabundos,mi cuerpo estaba encostrado en una mugre inmunda, los caballeros y damiselas con sus ropas limpias y decorosas pasaban a mí lado, mirando con desagrado, estaba atemorizada, el olor a orín de las esquinas penetraba en mi nariz  provocando arcadas, no podía ir a ningún lugar, por qué ese no era mi sitio, igual que la otra vez, no podía emitir ningún sonido, ni para pedir clemencia a los transeúntes que andaban por mi lado,me agazape llorando en una sucia esquina, empezó a diluviar, el frío calaba mis huesos…
No se cuanto tiempo estuve allí, el frío y el hambre se apoderaban de mí, me levanté con las pocas fuerzas que mi cuerpo me permitía, ande sin rumbo, deambulando por las calles, perdida, llegué hasta un puente, los carruajes pasaban salpicando los charcos que el agua de lluvia había dejado,
uno de ellos me mojo de nuevo y embarro todo mi cuerpo, un grito..
_ ¡PARE!
Me sentía desvanecer, mi cuerpo se tambaleaba de un lado a otro, perdiendo el equilibrio, la imagen borrosa de un hombre bien vestido se fue aproximando a mí, intentaba vislumbrar su rostro, perdía las fuerzas por momentos y me sentí desfallecer, él hombre me agarro, casi a tiempo de no caer otra vez sobre el suelo mojado, me elevó sin esfuerzo alguno para llevarme dentro del carruaje.
_ VAMOS.
El carruaje se puso en marcha, sentía en contoneo vibrante de los cascos de los caballos y el trajín del movimiento hacia que mi cuerpo dolorido se resintiera aún más.
Calor húmedo; unas manos frotando mi cuerpo, abro los ojos, miro su rostro ¡Gabriel!
Estoy metida en una especie de tina llena de agua caliente, Gabriel frota azaroso mi cuerpo mugriento,sigo sin poder mediar palabra, le observo,impenetrable, como siempre, sus ojos admiran mi cuerpo ya limpio, me indica que me levante, el agua cae por mi cuerpo desnudo, mientras él me seca, su tacto me excita, me ayuda a salir de la tina, dándome la mano, su piel esta ardiendo, me guía por la habitación hasta una cama, allí me sienta, observo su rostro inmutable.
_Túmbate.
Su voz domina por completo la estancia y no puedo negarme,me tumbo esperando su reacción, con un movimiento preciso, me abre las piernas; con experta destreza lame mi vagina de arriba abajo antes de succionar mi clítoris con ímpetu, abrumada por el sin fin de placenteras reacciones, me deshago entre su boca, estoy dispuesta a recibir todo lo que él me dé, me dejo llevar por su lengua húmeda, me hierve la piel, casi había llegado a mi punto de ebullición, sentía mi cuerpo al rojo vivo,explote en su boca, mientras él saborea mis jugos, relamiéndose, mira hacía mí y me penetra su mirada lujuriosa...
Me despierto ahogando un grito, las finas gotas de sudor aún recorren mi cuerpo extenuado, entre mis piernas recorre el liquido del recuerdo del orgasmo que me ha provocado el sueño ¿Que significan? ¿ Por qué sueño con Gabriel?




















































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