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viernes, 20 de mayo de 2016

LIBERACIÓN TATUADA PARTE 8

GABRIEL

Cierro la puerta de un portazo y dejo caer mi cuerpo apoyándome en ella, desde antes de conocerla pensaba que mis sueños eran solo eso, sueños eróticos con una mujer desconocida, pero cuando la vi allí sentada encima de un puñado de cajas creí que me estaba volviendo loco, era la misma mujer que noche tras noche me acompañaba entre mis sábanas, mientras dormía. Intentaba no dejarme llevar por el deseo que sentía por ella, pero cada vez era más difícil e intuía que a ella le pasaba lo mismo.

Llevaba con esos sueños desde hacía algo más de un año, incluso los había plasmado en lienzos, pero eso era algo que no pensaba contarle a ella ¿Qué pensaría de mí?, seguramente que estoy loco, pero es cierto que a veces yo mismo lo pienso, intento acompasar los latidos de mi corazón, la imagen de Naitare lamiendo mi dedo pulgar aún la siento reciente y mi polla erecta es la evidencia de ello.

Se que tengo que saciar mi necesidad de ir a buscarla y follarla, reprimo ese sentimiento una vez más, es incomprensible pero me aterra, estar soñando con ella durante un año y que esté ahora mismo a unos metros escasos de mi, puede ser coincidencia o no, pero por mucho que me he rebanado los sesos sé que no la conozco de nada ¿Entonces por qué tengo esa familiaridad al oler su piel o al rozarle?


Decido darme una ducha y salir al bar de siempre, quizás encuentre alguna mujer que haga que me olvide de ella y calme mis instintos primitivos.

Cuando salgo al rellano no puedo evitar mirar hacia su puerta, la imagino con sus mallas negras, su camiseta de AC/DC , me altero y se me convulsiona el ánimo, dejo el ascensor atrás y bajo veloz las escaleras, necesito aire, tomar distancia de ella.

Arranco mi moto, el aire fresco de la tarde acaricia mis brazos al descubierto, solo son un par de calles de mi casa al bar pero decido dar una vuelta antes, siempre consigo relajarme, pero hoy sin lugar a dudas es distinto, su imagen se presenta a mi mente, su boca húmeda rodeando mi dedo se ha clavado en mis retinas y no logro extraerla de mi pensamiento, ni la velocidad logra que me olvide de ella, iré al bar a tomar una copa y a cazar, esta noche necesito perderme entre las piernas de otra mujer, que el cuerpo de otra ocupe su lugar, un lugar que no tengo claro si ya nadie puede ocupar y más ahora que sé que ella es real, mi musa, mi inspiración es de carne y hueso.

El mismo antro de siempre con los mismos moteros borrachos, es un lugar sombrío, las paredes pintadas de negro disimulan la suciedad del lugar, el olor a rancio es característico del lugar, música atronadora de Rock y unas mesas de billar complementan el lugar, las mujeres que van allí suelen ser rockeras venidas a menos, quizás más mayores de lo que a mí me gustan pero no estoy para hacer ascos a nada.

Me acomodo en la barra, observando, buscando una presa que sacie mi necesidad, pido una cerveza y sigo con los ojos a una rubia que tiene muchos puntos, tiene un cuerpo bien torneado, unos pechos turgentes seguramente operados, un culo que me dan ganas de sodomizar, creo que ya he encontrado a la presa perfecta, empieza el juego.
Desde mi posición en la esquina de la barra observo sus movimientos felinos, se nota que pide guerra, ninguna mujer que se precie rondaría de esa manera por el bar, se acerca a la mesa de billar y se apoya en ella, coge el palo y empieza a contornearse alrededor de la mesa, jugando con el, su mano sube y baja con deleite, pone una moneda y salen las bolas, que ella coloca apoyándose de manera que su culo me llama constantemente, me levanto con la cerveza en la mano y me acerco a ella, sé que aún no se ha percatado de mi presencia, pero se la voy hacer notar muy pronto, acomodo mi bragueta, solo pensar en lo que haré con ella ya me está excitando.
Me acerco por la espalda y le susurro al oído, ella se gira, me admira y la sonrisa le llega a los ojos, ya ha caído rendida a mis encantos, le sonrío lascivamente, su cuerpo insinuante marca mi ritmo acompasado mientras le ayudo con el palo, la sujeto por detrás y le ayudo apoyar el palo de billar levemente en la mesa mientra los dos nos inclinamos sobre ella, mi polla acomete movimientos circulares por sus deliciosas nalgas, me estoy friccionando contra ella sin miramientos, necesito saciar mi necesidad y no me ando con contemplaciones.
Mi excitación va en aumento mientras escucho su leve ronroneo, parece una gata en celo descarada, no se si llegaremos a mi casa o me la follaré directamente en el baño del bar.

La rubia deja caer su mano hacía mi miembro erecto, agarrándolo de manera posesiva, está claro que no vamos a llegar a casa, esta deseosa de mí y yo no me voy a negar a ello.
Le agarro de la mano dejando el juego a medio acabar y la dirijo hacía el baño con una sonrisa lasciva en mis labios, ella se deja llevar sin poner oposición, tenía claro que era de esa clase de mujeres, de las que disfrutan del buen sexo sin preocupación alguna, casi estamos a punto llegar y dar rienda suelta a nuestros deseos cuando ella entra en el bar acompañada de Elena _ ¿Pero que demonios hace en un antro como este?_ Todos los hombres se giran a admirar a las dos mujeres, suelto a la rubia que me mira con cara contrariada, mis puños están blancos de tanto apretarlos y mi mandíbula contraída, una posesión desconocida para mí embarga mi estomago, ella es mía y no voy a permitir que ningún motero salido se le acerque, ya están en la barra pidiendo y mientras Elena parece estar tranquila en el lugar, ella suscita nerviosismo.

Me acerco hacia ellas, la rubia me observa decepcionada, pero mis piernas tienen vida propia y me dirigen a ella, Naitare está de espaldas a mí, pero Elena ya me ha visto, su cara de asombro crea expectación en ella y se gira para ver qué es lo que ha visto su amiga que le ha dejado petrificada, Naitare me ve, mira a Elena y le agarra del brazo dirigiéndose a la salida, va a huir de mí, esta vez no se lo voy a permitir, mi deseo, mi posesión, nubla mi mente, he perdido la poca cordura que tenia y solo pienso en posar mis labios en su carnosa boca y volverla loca mientras le provoco orgasmos devastadores, la alcanzo y le agarro el brazo.

_ ¿Dónde crees que vas?

_ A casa Gabriel, no ha sido una buena idea venir aquí.


_ Yo creo que si.

_ Pues yo no estoy segura de ello, suéltame por favor.

_ No quiero soltarte, Naitore.

_ Y yo no quiero seguir jugando a tu juego.

_ Pues dejemos de jugar.

Contemplo como le cuesta tragar saliva, no sabe qué responder y mira a Elena pidiendo ayuda, pero no pienso dejar que esta vez se me escape, ya está bien de jugar al gato y al ratón, la deseo y será mía.





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