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jueves, 9 de junio de 2016

Anna y el escoces






Anna se despereza entre las sabanas, otro día más, observa el lado vacío de su cama, desde que él se fue, la cama es más grande, más fría y el alma de Anna cada día esta un poquito más vacía.
Se levanta sin ánimos, se dirige al baño, donde su reflejo en el espejo le devuelve un rostro triste, opaco, con las arrugas que ya empiezan asomar en el, a sus 40 años sigue sola, sus relaciones no le han sido fructíferas, un vacío inunda su corazón, no entiende lo que esta mal en ella, quizás no sea lo suficiente bonita, o su conversación no sea lo suficientemente inteligente, quizás aburra de sobremanera a sus conquistas sin ella darse cuenta, o quizás solo quizás este programada para acabar siendo una solterona..ya tenía en su vida dos hermosos gatitos, Runa y Zoe que se rozaban ahora mismo a sus pies, saludándola, eran su mayor compañía en esos momentos qué su vida le resultaba una perdida de tiempo.
Pero claro Anna no contaba que su vida no era del todo una perdida de tiempo, ella misma decidió centrarse en su carrera, triunfar en un mundo de hombres, había logrado llegar muy alto, donde muchos matarían, y en ese mundo de hombres estaba ella, de belleza perturbadora, intelectualmente superior a muchos, Anna no estaba sola por mala suerte, Anna estaba sola por qué no había aún encontrado la horma de su zapato, un hombre que no se doblegara ante su carácter fuerte, a su inteligencia marcada ni a su belleza devastadora.
Esa mañana, tenía que llegar antes a la oficina, su cargo de vicepresidenta de una de las empresas americanas de mayor éxito en Londres le ocupaban casi las veinticuatro horas del día.
Esa mañana la directiva tenia que atender al nuevo socio, un escocés que tenía fama de ser impecable en los negocios, poco se sabía de él, guardaba celosamente su vida privada, solo sus negocios sin precedentes habían dejado mella en el Londres actual, un escocés de unos de los clanes mas poderosos y antiguos de las Higlanders escocesas.
Después de mucho dudar, Anna se vistió impecable, su falda de tubo larga y negra se ajustaba dulcemente sobre sus caderas, ronroneando a su cuerpo sutilmente, la blusa blanca de seda, parecía hacer el amor a su piel, dejando entrever su erótico sujetador blanco, su melena roja como el fuego caía en cascada sobre su espalda, llameante como la lava de un volcán en erupción, sus medias negras envolvían sus piernas en un dulce susurro agarrándolas levemente al final del liguero, unos zapatos de tacón hacían que sus piernas no tuvieran final a lo largo del camino...
Llego a la oficina y preparo la documentación para la reunión que tendrían en la gran sala de la ultima planta, su secretaria, organizaba mientras tanto el catering que se serviría a los asistentes de la misma, todo era un ir y venir de los directivos, nerviosos ante la presencia de Peter Barclay, el hijo mayor de el Clan Barclay.
El presidente de la Company Irresblen, se sentó presidiendo la mesa, mientras iban llegando los altos cargos enfundados en sus mejores trajes para la ocasión, la fusión con los escoceses, acrecentara la empresa, pero los cambios de la misma les traía de cabeza, sabían de Barclay y su fama por renovar las juntas directivas de las nuevas empresas que adquiría, los nervios se palpaban en el ambiente, Anna sentada a la derecha del Presidente, respiraba pausadamente, era la única mujer en un alto cargo, solo ella y la secretaria, que esperaba a el escoces tenían la entrada a la sala repleta de testosterona.
Todos sentados esperaban al séquito Barclay, los murmullos se empezaban a oír en el pasillo, Anna mantenía su posición sobria, su rostro calmado, acentuado por sus pecas, y su brillo de labios que engrosaban su ya más que de sobras boca carnosa, nadie podía negar sus orígenes irlandeses, esperaba no tener un encontronazo con el escoces.
En la sala empezó a entrar el séquito escoces, todos lógicamente impecables, varoniles, con una altura que dejaba a los londinenes empequeñecidos, Anna sabia muy bien como se las gastaban,
son hombres muy marcados, con una belleza increíble, pero nada la había preparado para él.
Entra eclipsando la sala de juntas con sus casi 1.90 de altura, su cabello oscuro y sus ojos azules penetrantes como el mar que acompañaba a sus islas, dejaron sin aliento a Anna.
Era pausado en andares, firme, decidido, embriagador, una barba de meses se dejaba ver por su rostro marcado, varonil, acompañado de una sonrisa ladeada que marcaba más aun su hoyuelo prominente.
Cuando los ojos del escoces se encuentran con Anna, el mundo desaparece alrededor de ella, un latigazo convulsiona su estomago, nunca se había sentido tan perdida en unos ojos, como en los suyos....
¿Queréis que la siga?

2 comentarios:

  1. Si el escocés tiene los ojos verde mar que se vuelven grises y profundos cual lagos de Escocia tira adelante!! jajaja

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