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domingo, 14 de agosto de 2016

Breves letras...breves pensamientos..




Hasta los juegos más inocentes pervierten.
Hasta el más caballero se entorpece y hasta el más sincero miente.
Ante tanta mentira, resurge, porque hasta la más ilusa es capaz de ver.
Cuando los sentimientos son engaños, títeres que manejan, sin más.
Y cuando, por fin, el verdadero ser asoma su cabeza, demonio enorgullecido al cual admiras. 
Pero sin más ves su careta, sin más cae esa faceta, y como en el carnaval todos mostramos nuestras caras, las verdaderas, las certeras, las sacrílegas.
Y si es cierto de que amas, también odias, también escapas de lo que nada a ti te aporta, solo mentiras en vanas palabras, palabras del cierto escritas, como las mías, las tuyas o las de cualquier otro. Y qué más da ¿Verdad? Si nada cierto es, si todo fue una gesta sin más.
Ilusiones ópticas, juegos de sombras, del cual cuando despiertas solo una sensación encuentras. Decepción.
Pretensiones, tantas y tan banales como el propio ser humano, que siempre buscamos y a veces encontramos en mentiras, en ese juego a sonrisas, en esa sustancial palabra que se suelta fácilmente, pero que de cierto pocos son conocedores, hasta yo misma.


Y él, subió de las entrañas de la tierra y admiro su sonrisa.
Y él, sucumbió a su risa, embriagado por su música.
Y él, erguido entre sombras, gritos, fuego y tinieblas admiro la luz que desprendía.
Y él, observaba su aura blanca mientras a fuego su piel quemaba.
Samael blasfema ante la belleza.
Resurge de sus cenizas, ennegrece el cielo, arde el infierno.
Quiere a su ángel de piel nívea, de ojos claros y vulva rosada.
Mientras la admira a fuego, se aprisiona sabedor de no poseer su alma.
Sabedor de no poseer su calma.
Samael se revuelve, mientras blasfema e injurias escapan a su lengua.
Ella sonríe, ella provoca, ella en su nube endulzada le reclama, le atrapa.
En el infierno las llamas arden y bailan una danza de deseo, fulgor, pasión y desenfreno.
Mientras consumen la pasión, demonios exaltados danzan entre piel, sudor, sexo y pasión.
Y él, Samael la admira y alza su mano a rozar su alma.
Y ella le sonríe, mientras roza sus dedos y pide calma.



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