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miércoles, 17 de agosto de 2016

Relato Maorí, cultura y sensualidad

Hongi; saludo Maorí






De entre todos los nativos de la isla; él destaca por su piel bronceada, su cuerpo musculado y su cara tatuada. Sus ojos oscuros han seguido a la mujer desde que llego a su poblado; es parte de los turistas  que han atracado en su isla en busca de la esencia de su cultura.
 Porque si por algo destacan los Maorís es por su amabilidad. Y los occidentales desembarcan allí con ganas de vivir una aventura nueva, internarse en la selva, dejar de lado los móviles y el ajetreo de la ciudad por la levedad de las horas en el paraíso.
Ellos siguen manteniendo sus ancestrales raíces aunque estén adaptados muy bien a la comunidad neozelandesa.  Y esa paz era la que ella buscaba aparte de descubrir una cultura que le apasionaba.
Nada más bajar del barco son recibidos muy amablemente, y ya la primera diferencia que nos podemos encontrar entre las culturas, es el saludo.
Ellos demuestran su respeto a los recién llegados con su saludo tradicional “El hongi” podría equivaler a estrechar la mano, tal y como es costumbre en occidente. Su particularidad radica en la forma, puesto que la acción se realiza juntando la nariz y la frente con la persona a la que estamos saludando. Los dos al mismo tiempo.
Cuando el nativo se acerca a ella su impresión es que con su cuerpo ha cubierto el sol, puede medir tranquilamente dos metros y su volumen ser tres veces el cuerpo de la menuda rubia de ojos azules, que lo mira entre asombro y veneración. Se tiene que agachar bastante para ofrecer su respeto a la joven de piel nívea, Junta su frente y nariz a la vez contra la de ella, y puede sentir el aliento del nativo enredarse entre el suyo.
-“Kia ora”- le dice con una voz grave, profunda, sensual que en ella despierta todos sus sentidos, los que tenía dormidos.
Ella le sonríe ha hecho los deberes y sabe que ese es el saludo típico en la lengua maorí, el  “Te Reo Maori”.
-Kia ora- le responde con su dulce voz aterciopelada, que provoca en él un escalofrío.
La gente se empieza a mover y los van dirigiendo a sus cabañas, ella pierde de vista al nativo y corre acelerada a reunirse con sus compañeros de viaje, ella ha venido sola.
Les explican que en un rato oirán un cuerno sonar, el Karanga, esa será la llamada para que los manuhiri, o sea ellos,  se presenten en el Marae que es donde harán El pōwhiri  que es la ceremonia de bienvenida que le van a ofrecer.
Lucia esta absorta ante la belleza del poblado y la calidez de las gentes, deja su maleta en la pequeña cabaña donde va a pasar su última semana de vacaciones y sale a esperar la llamada, está ansiosa y observa a su alrededor para ver si puede localizar a ese nativo de ojos negros que le ha cautivado.
Les han explicado cómo deben de acceder al marae, cuando escuchen la llamada, una de las visitantes responderá a ella con el cuerno que está colgado cerca de sus cabañas. Los huéspedes caminarán hacia el marae en grupo, lentamente y en silencio, con las mujeres adelante y los hombres detrás. Se detendrán en el camino para recordar a sus ancestros difuntos.
 El pōwhiri suele comenzar fuera del marae con un wero (desafío). Un guerrero de los tangata whenua (anfitriones) desafiará a los manuhiri (huéspedes) para verificar si son amigos o enemigos. Llevará una taiaha (arma similar a una lanza), que depositará a modo de símbolo (por lo general, una pequeña rama) para que el visitante la tome y demuestre que viene en son de paz.
Después de discursos y canciones se ofrecerán los regalos, koha,  y pasaran compartir la kai (comida) entre los huéspedes.
Suena la llamada y la mujer asignada la devuelve, Lucia da un respingo nerviosa, y se escabulle entre la gente avanzando puestos entre las mujeres para llegar la primera del grupo.
Cuando llegan a lugar acordado todos se acomodan a la espera de la presencia del guerrero tal y como les han explicado, Lucia sigue buscando con sus ojos a ese maravilloso nativo que le ha encandilado.
Suena la música, los gritos y los aspavientos de los indígenas y de entre medio de ellos resurge el guerrero, el maorí, que le ha dejado sin aliento, esta medio desnudo, plantado delante de ella y realizando una danza típica que la deja con la boca abierta. Soñando despierta con los brazos de esa mole de hombre y lo que sería capaz de hacer con su menudo cuerpo en la arena de la playa.
Mientras el maorí realiza los movimientos típicos de la bienvenida no deja de observar al ángel de ojos azules, se ha quedado prendado de esa pequeña ninfa.
Cuando ha acabado toda la bienvenida ha llegado el momento de los koha, y el guerrero se acerca hacía Lucia que no sabe dónde esconderse.
Se sienta en el suelo muy cerca de ella y tiene que levantar la vista para admirar el rostro tatuado del gran hombre que tiene a su lado. Él con una sonrisa le entrega el koha, ella le da las gracias, y desenvuelve  apresurada el regalo.
Es una preciosa caracola que con los brillos del sol parece tener los colores nacarados del arcoíris, Lucia sonríe, mira a ese maravilloso dios que tiene a su lado y de mientras empiezan a servir el kai, él en silencio come al lado de ella mientras sus brazos se rozan y tiene la sensación de que su piel va arder de un momento a otro.
-Esta noche es el Haka- le dice en un inglés perfecto.
Ella simplemente asiente, sin saber bien que decir, mientras él le pasa del plato que acaban de servir una especie de arroz en pasta con sus propias manos y directo a su boca; ella come de su mano sintiendo como se humedece su entrepierna y su cara se sonroja.
-Espero que acudas – dice antes de levantarse de su lado y perderse entre su gente. Lucia siente que ese hombre le va hacer perder la razón.
Llega la noche y todo está preparado para el Haka, el camino que lleva a la zona donde se hará la danza típica está señalado por las antorchas que los dirigen camino de la playa. Lucia admira como la luna sobre sale de entre el oleaje, se queda embelesada ante tanta belleza, mientras los demás se van acomodando en la zona y ven una especie de escenario rodeado por el fuego.
Ella se sienta, también, a la expectativa de ver a su fuerte guerrero maorí.
Salen los maorís y los nervios de ella son cada vez más visibles; empiezan con una  demostración feroz del orgullo, para demostrar la fuerza y la unidad de la tribu. Mientras van dando golpes violentos con los pies, sacan la lengua de manera protuberante y dan palmadas rítmicas en el cuerpo para acompañar un canto fuerte. Con esos cantos describen poéticamente los ancestros y los sucesos de la historia de la tribu.
Es digno de ver y a Lucia se le pone la piel de gallina admirando la danza ancestral de la tribu.
Todo ha acabado y mientras los turistas se van dirigiendo cada cual a su cabaña, los de la tribu están recogiendo el escenario, y ella se dirige hacia la orilla de la playa, se descalza y camina, dejando sus pies hundirse en la arena húmeda.
Esta ensimismada en su mundo, deleitándose con el frescor del agua marina que envuelve sus tobillos y salpica sus muslos refrescándole del calor de la noche, cuando una gran mano le agarra el brazo, y ella salta asustada ahogando un grito.
-No te asustes, soy Tane.
Ella le observa y vuelve  a respirar tranquila al ver que es su guerrero maorí el que se ha acercado a ella:
-Yo me llamo Lucia.-Le dice, él sonríe e intenta repetir su nombre, con dificultad, cosa que hace que ella suelte una carcajada a la cual se une él, divertido.
-Te llamaré Anahera.- dice mientras siguen caminando.
-¿Qué significa?- piensa la palabra correcta en inglés un momento.
-Ángel.
-Me gusta, gracias.- le dice mientras se paran admirando la luna que ya está sobre el mar, iluminando su manto.
Tane observa como la luna deja el reflejo de brillo sobre su piel blanca como el alabastro, y sin poder aguantar más la agarra de la cintura y la acerca hasta él, ella tiene  que levantar su cabeza para admirar el rostro de su bello indígena.
Él observa curioso como la luna se refleja en sus ojos azules, mientras posa sus labios en los de la mujer, que dispuesta,  entreabre su boca para recibir la lengua del guerrero.
Sus lenguas se unen en una danza tribal marcada por el ritmo de fondo de los tambores, que resuenan en la isla, como la llamada al placer que esa noche él está dispuesto a entregar a su bello ángel.
Le desnuda lentamente, mientras besa sus hombros y va deslizando los tirantes de su vestido para dejar que caiga a sus pies, ella gime, dejándose llevar por los besos de él.
Él que poca ropa tiene que quitarse, se despoja de su falda que cae a sus pies, y deja ver su espectacular verga, que ya apunta enhiesta, preparada.
Coge a la mujer en brazos, entre risas, y se la lleva dentro del mar y la sensación de sus cuerpos ardientes con el contacto del agua es un contraste placentero pues se dejan mecer por las olas.
Él empieza a lamer sus pezones duros que saborea, salados, como el mar mientras ella le atrapa su pelo suelto y negro y se deja catar gustosa ante tales atenciones, nota su verga debajo del agua  como  se restregarse contra su muslo, y siguen el contoneo sugerente del oleaje espumoso blanco que les hace friccionar más y más sus cuerpos candentes de pasión.
-Mi Anahera- le susurra al oído.
-Mmmm- le responde…casi gimiendo, mientras él sigue exultante con sus pechos y atrapando sus nalgas para acercar cada vez más su cuerpo contra el suyo.
Le sube sus piernas para que rodee su cuerpo, y con la punta de su verga empieza a restregarse contra el sexo de ella, mientras bailan con las olas…
-Ohhh, Tane…
Deja que el cuerpo de la mujer se pose sobre las aguas y en ese momento mientras la sujeta por la cintura la penetra de una sola embestida, ella flota, y él la embiste una y otra vez, con una fuerza descomunal, ella siente como su cuerpo se contrae, excitada, se deja llevar y él en ese momento cuando el orgasmo está empezando a llamar a su puerta la levanta del agua de golpe para penetrarla más adentro si es posible, en dos estocadas se corren los dos…
Gemidos y jadeos se oyen entre el susurro de las olas chocando contra las rocas…
Orgasmo salado; cuerpos salvajes enfrentados a la luna.


















3 comentarios:

  1. Precioso relato, excitante, dulce y ... provocador a la vez, eres tan tan descriptiva con tus palabras q haces q nos adentremos en ese mundo q describes. Enhorabuena tb por este relato.

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  2. Gracias Sara, me alegro de que guste tanto mis humildes palabras...estoy encantada!!!

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  3. Me encantó. Haz más de ellos. Increible 😍😍😍😍

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