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lunes, 5 de septiembre de 2016

AMARANTH (5ª PARTE)






















‹‹El lobo seguía aullando de una extraña manera, y un resplandor rojizo comenzó a moverse por entre los cipreses, como siguiendo el sonido. Cuando las voces se acercaron, el lobo aulló más fuerte y más rápidamente.››


Amaranth fue la primera en despertar, observó de soslayo el cuerpo de su lobo; aún las heridas no habían sanado del todo y en el aire se respiraba el olor metálico de la sangre mezclado con una pestilencia a muerte y cenizas.
Velkan despertó y admiró a la mujer, sus pupilas estaban dilatadas y su gran verga despertaba enhiesta, solo mirar el cuerpo esbelto y níveo de la mujer causaba esa reacción en él; sacaba al animal que llevaba dentro. Ese que ella también deseaba y amaba. Su lobo.
La vampiresa se sintió observada y se giró cautelosa con una sonrisa lasciva en los labios. Al observar a Velkan en todo su esplendor no puedo evitar morderse su labio inferior, gesto que a él le encantaba; ese despropósito llevo a que él agarrará el cuerpo de la mujer y se lo subiera encima. Ella rió.
― Creo que aún no estás del todo bien, amado mío.― Le dijo, aunque sabía del deseo de Velkan.
Él no medio palabra y un bramido salió de su garganta, la manada respondió al aullido de apareamiento de su rey; sabiendo de sobra que eso significaba que ya se encontraba mejor.
Agarró el cuerpo grácil de su amada, mientras acariciaba con sus labios la piel aterciopelada de su hembra, ella gimió al contacto húmedo de la lengua de él, quería sentir cada roce que le proporcionará sus manos, anhelaba el contacto cálido de ese hombre que le hacía perder la razón dentro de su lecho y también fuera de el.
 Él  dejó un reguero de besos  que paseó por su delicado cuello, se entretuvo más de la cuenta en esa zona en la que con sus labios notaba el palpitar de su corazón; que iba a mil por hora dada la necesidad de ser poseída. Sus manos deslizaron la poca ropa con la cual había dormido hasta el anochecer dejando sus hombros al descubierto que siguió besando complacido mientras a ella se le escapaban leves suspiros entre respiración y respiración.
― Velkan…―Logró pronunciar de manera leve y suave.
―Shhhh, pequeña.
Siguió acomodando el cuerpo de la mujer encima de él y casi notaba su verga en el interior  de su dulce oquedad, pero no acababa de entrar dentro de ella, la humedad se le escapaba entre los muslos y él friccionaba su sexo mientras ella jadeaba complacida pues seguía con el castigo de sus besos por su piel encendida. Deslizó su boca hasta atrapar uno de los pezones de la mujer que gimió y arqueó la espalda mientras su sexo se contrajo al placer de las caricias en su areola excitada, su saliente despertó enhiesto mientras él siguió succionando y friccionando su sexo contra su monte; esa fricción, ese roce le iba a matar.
―Velk...―No logró acabar la frase y un grito ahogado le salió de la garganta cuando sin vacilación le penetró.
Sus cuerpos ralentizaron los movimientos acompasados por una respiración casi inexistente, todo alrededor suyo giraba a cámara lenta como la suavidad de su oscilación, esa fricción dulce y esa humedad vertiginosa que ella emanaba de entre sus piernas, ese olor a sexo, ese clamor. Era un baile pausado de cuerpos exudados detenidos por el tiempo, por la pasión. Engrandecidos por el sentir; buscando unir sus cuerpos y dejar de ser dos para fundirse en uno solo.
Su mirada era una sola, sin dejar de penetrase con ella, sin tan siquiera apartar la vista el uno del otro continuaron danzando a la luz de la luna. El movimiento sutil se convirtió en un compás más veloz y feroz, ella se dejaba empalar por él. Le agarró de la cintura y su cuerpo se dejó caer hacia atrás apoyando su peso en sus fuertes piernas mientras él seguía castigando su sexo con su polla febril  y con su dedo pulgar empezó acariciar su clítoris hinchió provocando en ella oleadas de placer que castigaban con espasmos la verga dura de su lobo.
― Dioses pequeña…
―Velkan…No puedo más― Le inquirió entre gemidos.
Su dulce oquedad devoraba su verga engulléndola entre sacudidas desmedidas y una humedad viscosa  se deslizaba entre sus piernas. Sus cuerpos empezaron a temblar al unísono dejándose llevar por la fuerza del orgasmo que les atrapó; ese fluyente de sensaciones les inundó  dejando sus cuerpos lasos y abrazados en plena combustión; unieron sus lenguas en un baile sin igual intentando mantener prendido ese fuego que les unía.
Fuera de la cueva se oyó la llamada de la manada que pedía la presencia de su rey. Le costó dejar de besar a su bella vampiresa, ella le observó con una sonrisa mientras se trasformaba. Se acercó a ella; lo observó y acaricio su lomo enredando sus dedos entre su pelaje negro y brillante.
―Espérame, mi reina.
― No pensaba ir a ningún lugar.
Velkan le dio un leve golpecito con el hocico en su cadera, cosa que hizo que ella sonriera.
Cuando salió fuera de la cueva la manada estaba inquieta observaba directamente a Lupus, su mano derecha que se acercó sigiloso con zancadas gráciles de animal hacía él.
― ¿A qué viene tanta inquietud, Lupus?― Preguntó extrañado.
― Nos han informado que el linaje Drakkar está reuniendo a otros de su especie. La quieren a ella. Sea como sea.
En ese momento Amaranth emergió de la cueva a paso etéreo que dejaba entrever entre su manada la belleza de su reina; su mirada se cruzó con la de su amado.
Ella sabía que no les iban a dejar descansar, la guerra estaba por comenzar. Lo de la noche anterior fue una leve batalla.
Se acercó a él y acarició su pelaje.
―Tranquila, amor. No podrán con nosotros.
La tristeza invadió el rostro de la mujer. No quería que esa gente sufriese más por ella; pero sabía que Velkan no la dejaría marchar así como así.
Lupus observó con cautela a la pareja, un escalofrío invadió su cuerpo animal. Algo malo iba a pasar y deberían estar preparados.





©1608048534458
Bernice Xanthe














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