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jueves, 27 de octubre de 2016

30 Segundos, Próximamente. Real y pura.






Párrafo Novela 30 Segundos

Despertó enturbiada, la noche anterior no pudo conciliar el sueño, por su mente divagaba las oscuras imágenes que habían dejado aquellas extrañas estancias. Podía sentir en su piel el calor y el dolor que habían dejado aquellas manos y su mente aún debatía con las imágenes de sí misma envuelta en aquel extraño mundo…
Se levantó en busca del adorado café que despertara un poco más su incipiente duermevela, sin tan siquiera regir bien los movimientos de su cuerpo resentido. Avanzó hacia la cocina y encendió la cafetera: si no metía cafeína en su cuerpo seguramente no funcionara bien en toda la mañana.
Se tomó su café sentada en la pequeña mesa, observando de pasada por la ventana, ya que su mente no estaba en disposición de centrarse en imágenes, más bien lo veía todo difuminado, como en un sueño.
Sin más preámbulos se dirigió a la ducha, necesitaba que el agua corriera por su piel y diera descanso a su agotamiento, se desnudo lentamente como si las ropas pesaran: tampoco recordaba cómo se cambió al llegar a casa. Cuando su cuerpo quedó desnudo frente al espejo, pudo ver parte de la realidad en la que creía no haber estado presente…
Sus nalgas aún tenían el leve color rosado de sus manos, una leve marca circular era el recuerdo de que sí, todo lo que su mente recordaba de aquella mazmorra pasó.

[...]

Estaba nerviosa mientras esperaba sentada en aquella cafetería, Björn le dijo de quedar allí, ella no recordaba haber aceptado pero ese hombre tenía la capacidad de enturbiar su mente y allí estaba, esperando.
Le vio aparecer, con su predominante altura, sus anchas espaldas y su porte elegante: ataviado lógicamente con un traje, esta vez sin camisa, pues llevaba debajo una camiseta sencilla gris marengo y el traje era más informal de los que usaba asiduamente en el trabajo. La observó de arriba abajo como solía hacer, con esa mirada ensombrecida que hacían que sus ojos azules fueran más fríos de lo que ya eran normalmente. Sin más le ofreció su mano. Ella observó la gran mano que él le tendía, bien cuidada, suave y se estremeció al pensar en ella acariciándola de la misma manera que hizo aquella tarde en su despacho.
Pero esta vez no serían solo caricias lo que su piel recibiría, esa vez en cuando tomara su mano estaría aceptando ser su sumisa y él dejaría de ser Björn para ser “Señor”
Ella dudo, sentía miedo y a la vez deseo, quería sentir de manos de él lo que le podía ofrecer y tenía que tener claro que no le cambiaría, él era dominante, amo. Y nunca dejaría de serlo, si ella aceptaba su relación sería la de D/s no sería la típica vainilla, y ese pavor la tenía confundida. Él la volvió a observar, con sus pupilas dilatadas y a la expectativa.
Treinta segundos, Liz. Ni uno más. Ella suspiró...





Liz Sumisa Señor Kirchner. (Breves pensamientos durante su relación, cosas que escribía para su señor)

Endúlzame la mañana con palabras que dobleguen mi alma.
Descubre entre líneas la perversidad de mi piel, esa que quiero que hagas tuya.
Enlaza con brazos fuertes, al deseo latente que alberga mi corazón.
Dibuja a color en mi cuerpo con tu potente sentimiento de poder.
Un caballero, un dominante, ese ser al cual entrego todo lo que soy.
Ese sentimiento que desatas en mí, que crece sin fin, que desea volar.
Átame a tu mente, a tu cuerpo, a tu alma, a tu fuerza.
Abre las alas de mi ser, ese que conocerás a milímetro, ese que adularas con tu fusta.
Esa libre predisposición de ser tuya, esa potestad sobre mí.
Esa unión incomprensible a ojos de los demás pero que a los nuestros es poesía entre pieles.
Solo yo puedo ser entrega ante ti, solo él puede ejercer sobre mí.
En un mayor sentimiento incompresible que crece por momentos, en confianza.
Ata mis labios, amordázalos, que solo oigas el latir de mi corazón y sientas lo que tiene que decir en el silencio de la noche.
Úneme a las cadenas de tus extremidades, en el fulgor de nuestro deseo.
Plasma en tu lienzo en blanco que soy para ti, nuestra historia.




Liz Sumisa de Herr Kirchne (Conversación mantenida con Liz)

Veras en mí lo que quise ser para él.
Descubrió quien era con tan solo una mirada, una palabra suya es y será obedecida, por amor, cariño y sumisión, eso que me enseñó, en su momento.
¿Y por qué le llamas Amo? Me preguntó...
¿Cómo llamas tú a tu pareja? ¿Cariño, cielo, vida?
¿Por qué no Amo? Si para mí es lo más grande que le puedo decir, por qué no Mi señor, si es lo que yo siento. Es así como deseo que sea, ¿por qué está mal? ¿Está mal el amor?
¿Eso crees?



Conflictos  de Liz Sumisa de Herr Kirchne

A fuego entraste en mi vida.
Marcando con paso de soldado.
Invadiendo a órdenes
Sin casi entender ya me había dominado
Salvaje con sus palabras, con su mirada.
Creando anhelo expectante a su espera
A ser reclamada, abrazada.
Creó expectativas, lazos, palabrería.
A la mujer, a la sumisa, a la niña.
Sentí y siento entrega, confusión, lamento.
Siguiendo un juego, queriendo salir de él
Aun lo dudo, lo sufro, lo intuyo.
¿Soy tuya? Eres mi dueño…
Sentimientos de mujer sometida, a él, a su gesta, mi lamento, mi amor.
Él Amo ¿Siente? ¿Se enamora?
Quizá de la posesión, de la entrega.
¿Pero de mí?


La fiesta. Decisiones, ser o no su sumisa. 

Colocó la máscara en mi rostro y sus manos suscitaron el calor en mi baja espalda, mientras me acompañaba. 
Podía sentir su aliento persistente en mi nuca, así como la mirada clavada en mí.
Dentro de la gran sala la penumbra dejaba entrever cuerpos en movimiento. 
El suscitaba mi deseo a fuego lento, dejando mi mente en blanco al reclamo de sus palabras.
Sentía mi sexo arder, mientras la humedad recorría mi entre pierna, era fácil pues ordeno no llevar ropa interior, y ese calor que emanaba de sus manos de sus palabras calaba a fuego en mi piel, sabía leerme entre líneas, sabía quién era en realidad y tenía claro que sería suya.
Sus palabras al oído, ese leve roce en mi piel, todo él era dominación. Clara y llana. 
El recorrido por la sala no me suscito el temor que yo creía que me embargaría, al contrario genero las claras dudas de una persona que deseaba sentir, y él tutelo mis dudas. Sabía cuándo y cómo, y me explico a cada paso lo que mis ojos observaban cautelosos e interesados.
Me interese sobremanera en una escena al fondo de la sala, él lo percibió y me guío frente la misma…




Y esto sentí…

(Sensaciones de Liz al ver su primera experiencia Shibari)
Suspensión…
Desenmarañas cuerdas en un suelo frío e inmóvil, mientras tu mirada calienta mi cuerpo.
Expectativa desnuda es la mía postrada observando a tu lado como tus manos van ejecutando nudos, como esas manos en un rato entrelazaran cuerdas y vestirán mi cuerpo frío otorgando el calor necesario que sabes que deseo y anhelo.
Desenmarañas la quimera de mis sueños, ejerciendo el fulgor de tu fuerza a cada cuerda que mides y deslizas en mí, mientras tu sonrisa perversa me susurra en la tranquilidad de la habitación. 
Siento la fuerza postrada de una mujer que a los ojos de otros seria débil y a los tuyos es fuerte en mente, fuerte en sentir.
Mientras empiezas con el dominio de tus manos enlazas las cuerdas en el níveo cuerpo, rozando con sus hebras la suavidad de una piel que dejara marcada un rato después.
Anudas solo mi cuerpo, pues mi mente a cada nudo se libera volando a tu lado a ese sentir de dos almas la mía entregada la tuya posesiva. 
Enmarañada en tus cuerdas mentales alzas mi cuerpo enredado. Sostengo mi alma al gancho que cuelga dando paso a una mayor sensación de vulnerabilidad y la inevitabilidad, otorgando mi capacidad de volar, allí donde mi mente entrego mi cuerpo, allí donde observas a este cuerpo sometido por tus propias manos.








ENTREGA DE LIZ

Mi entrega debe de ser valorada.
De sus manos recorrer el camino, juntos.
Su deseo es el mío, cuando esa conexión existe es real.
Mi cuerpo estremece a sus órdenes, lo siente mi sexo al humedecerse, lo siente mi piel al erizarse, mientras mi alma tiembla postrada a la expectativa de su voz, de oír lo que desea de mí, usted me usa, le gusta dominar mi deseo, mi cuerpo, es un sádico del placer.
Lo busca, lo anhela, mientras me mira, mientras me ordena, y su corazón se acelera sabiéndome suya, es su droga, lo que le engancha a mí, es incapaz de dormir sin domar mi cuerpo, sin doblegar mi alma, ese perverso ser, ese demonio que destila en su piel, que me azota, me castiga.
Mientras yo deseo que mi entrega le haga feliz, como yo lo soy.
Y usted me cuida, cuando es sabedor de mi dulce voluntad y me da aliento mientras sus palabras de cariño ya no son las que eran hace un momento, ya ha pasado la humillación, dando paso al otro ser que es usted, compañero, amigo…





Liz sumisa

Sensaciones en mi piel
marcas que me dejas
tributo a mi entrega
pasión atada a sus manos
descanso en sus brazos
beso postrada el momento
Sentimiento de rendición
ante su dominación.
Fuerza de mujer
Entrega de sumisa.
Piel consentida, acariciada,
enrojecida.
Ofrenda a quien se la merezca.
No cualquiera es Señor
No cualquiera es Dama









Señor Kirchne. ( Él lo supo nada más conocerla, sería suya)

Lo leyó sabiendo que la respuesta sería positiva, no tenía duda alguna pues lo había visto en ella, el sentir de una sumisa, esa característica entrega, ese deseo de complacer y de ser cuidada lo destilaba en todo momento, en poses, miradas, en los movimientos gráciles que realizaba con sus pequeñas y dulces manos. Todo eso, él lo veía cuando la observaba a escondidas y la iba a poner a prueba esa noche, iba a perturbar su calma, iba hacerle sentir el deseo, la humedad recorrer por su entrepierna, las ganas de arrodillarse ante él, de darle placer. Solo tenía que leer su mente, su cuerpo entrelineas para saber que su deseo de entrega le estaba trastocando y le perturbaba. Como acabar el texto, con “Suya, Liz” no era mera cordialidad, ni dirigirse a él de usted, era el deseo floreciente que sentía ella hacia su persona, hacia el que sería su tutor, su guía, su señor.








"30 Segundos" Una Decisión


Ella se arrodillo, frente él, frente su imagen.
Casi podía sentir la fuerza de su mirada penetrar en su piel.
Casi podía sentir el tacto del cuero recorrer sus extremidades.
Casi, solo casi, eran sus palabras las que rozaban sus oídos, aún ni la había tocado, solo paseaba a su lado, mientras ella mantenía su posición, postrada, allí, a sus pies.
Mientras el disfrutaba de su entrega, admiraba su cuerpo desnudo y su aliento se elevaba entre el silencio de la noche.
Su cuerpo estremecía, miedo, deseo, sentir...
- Recuerda, solo treinta segundos. Solo eso. Dime lo que quiero oír y serás MÍA...

Solo unas palabras...





Solo si te atreves...







2 comentarios:

  1. Espectacular,no hace falta tocar,es todo mental,una no elige,lo elige el momento,la llegada de esa persona capaz de hacerte sentir sin ser consciente de que eres suya

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    Respuestas
    1. Si, Cata. Me alegro de que te guste y gracias por el comentario..

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