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jueves, 17 de noviembre de 2016

30 segundos

#30segundos











Parte de un capítulo

Dejo en el suelo la bolsa de deporte la abrió y saco un antifaz negro que seguido colocó en los ojos de ella. Su respiración se empezó acelerar y su corazón galopaba veloz en su pecho. No era miedo, pero él le suscitaba tantas cosas que  a veces  era incapaz de asimilarlas.
No pasaron ni dos segundos cuando volvió a oír como sacaba algo de la bolsa. Noto el agarre de él mientras la giraba y ponía su cuerpo abrazando el tronco, el olor que desprendía a humedad y musgo se adentro en sus fosas nasales, mientras él la rodeaba  atrapándola al árbol con una cuerda. El tacto le recordó a la cuerda que uso para la fiesta, no era molesto. Apreto y se sintió de nuevo como aquella vez. A su merced.
Sintió muy cerca de ella, en su nunca su aliento. Se aferraba a ese tronco envuelta en cuerdas a la espera de su siguiente paso. Noto sus manos en sus muslos levantando su falda de vuelo, dejando al aire su pequeño tanga blanco. Fue algo rápido, un leve tirón acompañado de un gemido por parte de Liz. Le había arrancado el tanga dejando libre su sexo. Podía notar el tacto áspero del árbol rozar su piel y su sexo empezaba ya a humedecerse a la espera de lo que el Ritter  haría con ella.
Él la admiro y se acercó suscitando en ella el calor de la aproximación. Empezó acariciar sus nalgas  entreteniéndose con sus redondeces para después ahondar  con sus dedos dentro de su sexo ya húmedo jugando mientras su aliento calentaba su nuca provocando que su piel se erizara. Sin sacar los dedos de dentro de  y le infundio unos leves azotes en sus nalgas. Primero suaves mientras entraba y salía  con sus dedos para después subir un poco la fuerza de la cachetada provocando un gemido cada vez más fuerte que el anterior.
Salió de su sexo dejando la necesidad y el reclamo de sentir más. Ella no podía ver pero noto como los dedos de él ahondaban en su boca, haciendo que los lamiera, metiéndolos y retirándolos,  humedeciéndolos.
El bajo los dedos húmedos y empezó a jugar con su ano adentrándose poco a poco y provocando que diera un leve impulso hacia arriba como intentando escapar a esa  intrusión. Que se hizo más persistente, más dura adentrando en ella cada vez con más fuerza. Si antes eran dos dedos los que estaban invadiendo su intimidad ahora ya eran tres, intentaba aguantar la fuerza con la que sus dedos la poseían, se le aceleraba el ritmo y la respiración empezaba a ser entrecortada y un leve sudor perlado caía por su frente. Mientras él era cada vez más salvaje y preparaba su cuerpo para la entrada inminente de su verga que ya pedía salir de su molesto pantalón.
Se bajó el pantalón dejándolo caer a sus pies. No llevaba ropa interior molesta que impidiera el acceso a su mayor anhelo, embestir a Liz y poseerla de manera salvaje en ese bosque milenario.
Noto como el pene  empezaba a buscar el preciado acceso a su cuerpo por esa parte indecorosa por la cual nunca había sido poseída. La entrada se hizo lenta,  se abrazó más al tronco del árbol.  Preparada.
Cuando estuvo en posición, la embistió. Entro en provocando un jadeo que resonó en el silencio, despertando a las bestias dormidas que allí anidaban. Las embestidas se hicieron oír una tras otra, mientras entraba  y se clavaba en sus caderas. Los dos empezaron a gemir al unísono dejándose llevar por la fuerza consentida del momento. La penetro una y otra vez a cada cual de ellas  con más fuerza. Adquiriendo un ritmo frenético y audaz. Con un brío desmedido.  Sus latidos se aceleraron, sus jadeos aumentaron, su sudor se entrelazo entre los cuerpos y las cuerdas. Alcanzando un orgasmo devastador. Dejando los cuerpos exhaustos y a Liz agarrada con las pocas fuerzas que le quedaban mientras las cuerdas que le sujetaban evitaban que desfalleciera pues sus piernas temblaban.  El Ritter se vistió, beso su nuca y empezó a desatar su cuerpo resentido. El roce del tronco había dejado unas marcas en su piel y pecho. Y el temblor del orgasmo aún era persistente. Jamás le habían poseído de esa manera. Y le gustó.

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