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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Bajo la lluvia












Se levanta de madrugada, recorre el camino que le lleva a sentarse frente la ventana. Fuera la lluvia cae, abre la ventana, saca su mano y la humedad de las gotas de agua se deslizan suavemente por su piel. Siente el frío, siente el líquido mojando su brazo, siente el aroma que desprende la lluvia al rozar con la tierra. Se centra en esa agradable fragancia que le invade, cierra los ojos… ¿A que huele la lluvia? Es refrescante, relajante, trae el perfume de la naturaleza con cada gota que se desliza por  la tierra. El agua viste la tierra sedienta de esa noche de agosto.
Su cuerpo se estremece al entrar en contacto con la naturaleza, se descalza, se abstrae y decide desandar el camino andado y salir al encuentro de una quimera. Un anhelo clama por resurgir con brío. Un deseo perturbador. Desnuda, sus pies andan por la tierra mojada y la lluvia empieza a vestirle con pequeñas gotas que descienden de manera placida, acomodándose como si siempre formaran parte de su cuerpo.
Con sensualidad en movimientos de mujer inicia un baile perturbador con la lluvia, sus caderas bambolean a un ritmo lento y casi decadente, es como si hiciera el amor con la propia naturaleza.  Se deja llevar por la suavidad del agua rozando su piel, su tacto le hace vibrar, su oscilación sosegada le hace parecer una ninfa, enamorando a la madre tierra.
Él sigue admirando el cortejo que le hace a la luna. Mientras luce la desnudez de su cuerpo el palpitar de su entre pierna le duele sobremanera. Ella le sonríe y sigue su pavoneo exultante provocando a su hombre.  Jugando con esa quimera provocadora.
Se desnuda, acercándose a ella por la espalda e inician un baile conjunto, mojándose. Sus cuerpos se acoplan en esa oscilación incitadora. Suspiros ahogan el aguacero de su alrededor. Sus manos se entrelazan y él lame el agua que resbala por su nuca mientras su miembro se va contoneando por su espalda. La gira sin  dejar de mirar a sus ojos y desciende lamiendo su piel húmeda hasta que llega a sus pezones enhiestos y rosados dibujando sobre ellos un reguero de besos y mordidas que dejan su piel nívea marcada, los gemidos asaltan la noche. Su mano se posa en su sexo acariciando la esencia acuosa que irradia. Empieza a jugar con ese botón caprichoso mientras la sujeta por la  cintura y ella arquea su cuerpo en busca de más fricción en sus rosados labios. Sabe que está preparada, coge sus brazos y rodea con ellos su cuello, una sonrisa lasciva se dibuja en su rostro. La eleva haciendo que sus piernas le abracen por la cadera  insertando en ella su viril miembro en un jadeo al unísono. Los movimientos se acompasan mientras la armonía de sus cuerpos baila a la noche. Un susurro más en la noche que eleva entre jadeos y gemidos. Unos movimientos indecorosos bajo la perlada lluvia resonando. Dos amantes entrelazados en la lobreguez de la noche. Solo ellos saben por qué decidieron hacer el amor a la tierra. Solo ellos saben por qué culminaron revolcándose sobre el barro. Solo ellos saben…


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