Enter your keyword

Me Buscas...

siguenos en facebook siguenos en Twitter

jueves, 24 de noviembre de 2016

Leyenda Vikinga









Su piel nívea relucía radiante bajo el influjo de la luna. Sus ojos añiles recordaban a una diosa nórdica. Su cuerpo pequeño y grácil bien podía parecer el de una ninfa.
Él la observa entre las sombras admirando su belleza mientras su deseo se acrecentaba día a día y su temple empezaba a fraguar entre miradas furtivas de dos amantes anhelando el primer beso, el primer roce de unos labios, las primeras caricias de unas manos desconocidas que se perderían en ese cuerpo de mujer. El vikingo observaba, incapaz de ocultar el deseo que crecía en su interior. Ella era intocable, la hija de su rey. Obligada a estar a la espera de un matrimonio de conveniencia con el hijo de otro clan. Él un mero soldado, el mejor, pero no lo suficiente para la princesa nórdica. Cada noche la oía cantar esa típica y antigua canción de sus antepasados, esa que hablaba de un soldado de la lucha y de un amor. Parecía que le cantaba a él o eso creía creer, era cierto que se conocían desde niños y siempre habían jugado juntos. Hasta que las obligaciones de cada uno los separo. Y ahora la iba a perder, sin que ella supiera lo que la deseaba, lo que la amaba.
Al día siguiente partía de nuevo. Se embarcaba para aventurarse en las frías aguas del mar Báltico, en busca de nuevas tierras que conquistar para su señor.
Miraba con ojos embelesados el pelo rubio y largo cayendo por el hombro desnudo de la bella princesa, escuchaba su voz armoniosa y cerraba los ojos mientras se dejaba embrujar por esa melodía que tanto cantaba ella. Siempre solía cantar la noche anterior a la partida de los hombres del pueblo.
La bella melodía pedía a Odin por ellos, por salvaguardar sus vidas. Que las valkirias protegieran a los hombres en su lucha y les llevara al camino correcto del Valhalla.
Siguió observando a la bella princesa. Está salió de su morada y empezó andar en dirección a la playa. El vikingo fue tras ella, confuso. Ella no solía salir y menos a esas horas. Conforme iba andando se fue despojando de sus prendas dejándolas yacer en el suelo. Él admiraba la desnudez de la mujer que avanzaba a paso sutil sin mirar atrás. Su piel tan clara como la propia luna reflejó el brillo de las aguas del mar cuando se paró. La observó contemplar el oleaje que esa noche estaba en calma, sus pies se habían hundido en la arena y su desnudez solo le provocaba el anhelo de poseer su cuerpo allí mismo, frente la luna.
Ella seguía con la mirada perdida. Tarareando la melodía.
–Acércate Niels – Le dijo haciendo un  grácil movimiento con su mano. Pero sin dejar de observar el mar, sin mirar al vikingo que no entendía como sabía que estaba allí. Y que la espiaba en secreto.
Niels se acercó a ella, su miembro pulsaba a través de sus ropajes y la cercanía le trajo la fragancia de su princesa confundiéndose con el olor salino que desprendía el gran mar.
– ¿Cómo sabias que estaba aquí? – Pregunto confundido.
–Siempre te siento– Contesto sin dejar de mirar al frente.
Niels observaba sus pechos lechosos, pequeños, turgentes con un pezón rosado que provocaban metérselo en la boca y alimentarse de ellos.
– ¿Freya te puedo preguntar qué haces aquí desnuda? –La princesa se giró. Se puso frente a él observando su pelo rubio y trenzado caer sobre sus hombros anchos. Tenía que levantar su rostro para poder observar sus ojos azules y achispados.
–Esperarte– dijo simplemente.
–No entiendo, princesa–Contestó recordando que ella no podía ser para él.
–Deseo ser tuya. No quiero ser la mujer de otro– Las sinceras palabras de la princesa despertaron en él su instinto de hombre. Su anhelo era cada vez más insistente.
–Freya…– susurro mientras su rostro languidecía. No podía hacer suya a la princesa. Ella sería repudiada y el seguramente quemado en alta mar.
Las manos de ella se acercaron lentamente al rostro de Niels tomándolo entre ellas y haciendo que mirara directamente a sus ojos. Unas lágrimas se deslizaban por sus mejillas sonrosadas.
–No puedo amar a otro. Acepto que me repudien. Huyamos Niels–
Niels la observo. Era su sueño. Su anhelo. Su deseo.
Se conjuró a Odin. Pidiendo por ella, por él. Por su amor
Niels abrazo a la mujer acercando su desnudez a su pecho. Notando como el calor de los cuerpos se volvía insostenible en la cercanía.
No pudieron soportar el reclamo de sus pieles y se dejaron yacer en la arena cerca de la orilla donde el oleaje de vez en cuando les cubría con un sutil manto espumoso.


Se dice: Que los amantes pasaron a formar parte de esa playa. Que Odin les otorgo la eternidad mientras hacían el amor.  Su entrega se unió al mar y a la arena siendo así  y de por siempre eternidad. 

2 comentarios:

  1. Qué preciosidad de relato y de historia tan bonita y especial Bernice. Escribies con tanta delicadeza que me has dejado encandilada. Simplemente hermoso.muakk.

    ResponderEliminar
  2. Que bello Bernice,delicado que emociona,gracias.

    ResponderEliminar

Popular