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jueves, 15 de diciembre de 2016

Tatuada y marcada






Jugaba con las hojas del bloc mientras admiraba los dibujos que Fabián le había dejado. No tenía claro cuál sería su nuevo tatuaje, siempre que iba al local pasaba horas allí. Le encantaba marcar su piel, el sonido de la máquina le producía una sensación increíble, la tinta penetrando su piel creando esos bellos dibujos en ella. Todas esas sensaciones se entremezclaban con el tacto de las manos de Fabián. Él era su quimera, su sueño inalcanzable. Moreno, con el pelo rapado, alto, fuerte y tatuado por todo el cuerpo, pero lo que más le atraía eran sus labios carnosos y jugosos, esos que ella miraba embelesada mientras él se entretenía en hablarle para distraerla. Ese día el tatuaje no era muy grande, solo estaría allí quizá unas dos horas. Eligió el diseño que se iba hacer y se dirigió a Fabián.

Él como siempre le dirigió esa maravillosa sonrisa que le caracterizaba y le hizo pasar a la sala, donde empezó a preparar todo para el tatuaje. Puso su música de siempre, puro Heavy. Como ese día se encontraba solo decidió cerrar el local para no ser molestados, no sería la primera vez que ella se quedaba a solas con él, en si era su tatuador desde hacía años.

— ¿Dónde te voy a marcar esta vez, preciosa? —Le pregunto con su característico acento argentino.

—Creo que este diseño iría que ni pintado en mi baja espalda, donde ya pierde el nombre ¿No crees? —Le insinuó, coqueteando con él.

—Creo que es un lugar muy acertado—Respondió, sonriente. — ¡Fuera pantalones! —Le dijo con la confianza que les caracterizaba a los dos, entre risas.

No sería la primera vez que se desnudaba delante de él, pocas partes de su cuerpo eran desconocidas para el tatuador y más después de doce tatuajes. Se quito los pantalones, había sido precavida y llevaba ese culote negro de blonda que tan bien le sentaba a sus nalgas, reafirmando su culo y otorgando una visibilidad a sus redondeces de manera exquisita.

Él la miro de arriba abajo y carraspeo, mientras ella se colocaba en la camilla boca abajo y satisfecha de haber llamado su atención.

Ya estaba todo preparado, se colocó en su silla al lado de la camilla y con su mano bajo un poco más el tejido de su culote para poder transferir el dibujo de manera correcta en la zona que había elegido, sintió el frío del líquido para el transfer en la piel, y sus pezones respondieron erizándose al tacto de su mano sobre su piel para extender bien el fluido.

—Empezamos, preciosa.

Ella asintió mientras él encendía la máquina y el sonido envolvía la sala.

Le iba hablando y contando cosas de la ultima salida con su Harley mientras adentraba la tinta en su piel, se ocupaba de que estuviera bien y estaba pendiente de como se encontraba a cada momento. Ella solo se centraba en la sensación de las agujas clavándose en la piel, en si no era dolor pues acompañado el movimiento con el tacto de sus manos su piel solo suscitaba deseo.

Un anhelo que provocaba un estremecimiento en sus entrañas y se reflejaba en su piel erizada. Él observaba cada reacción de ella intentando no mostrar inquietud, pero le delataba su polla pulsando contra el tejano, queriendo ser liberada y deseando adentrarse dentro de la mujer que tenía tendida en la camilla.

No sabía cuánto más iba a poder contenerse, ya hacía tiempo que ese sentimiento le despertaba cada vez que la veía entrar para hacerse un tatuaje. Estaba siendo muy duro tatuar esa zona y observar las reacciones a su tacto.

La dura música que escuchaba se confundía con su potente voz mientras le hablaba y con el martilleo del sonido de la máquina y las agujas adentrándose en su piel. Sin darse cuenta emitió un suspiro que sonó más a deseo que a dolor y él paro.

Paso por su piel vaselina para limpiar la zona de sangre mientras ese roce se hacía cada vez más sensual y suave, ella no pudo contenerse y arqueo su cuerpo buscando más contacto sobre el, más calor sobre su piel suscitando en él la lujuria que llevaba rato controlando.

Decidido a calmar el fuego interno que le provocaba el cuerpo de la mujer bajo poco a poco su culote mientras ella seguía sin levantar la cabeza de la camilla pero dejándose hacer, elevo su pelvis para facilitar que pudiera bajar la ropa interior por sus muslos mientras pequeños gemidos se escapaban de su garganta. Le retiro el culote del todo dejándola solo con la camiseta que cubría la parte de arriba de su cuerpo, paseo sus manos sin los guantes de látex que había retirado un momento antes por su piel, empezando por los tobillos y ascendiendo poco a poco por sus piernas hasta llegar a sus muslos.

Se deleitó en ellos recorriendo su boca y abriendo sus piernas para adentrase en su sexo que ya estaba húmedo del solo el roce de sus manos, ahondo con su lengua dentro de su oquedad haciendo que se estremeciera y jadeara, dejo de besar esa zona de su cuerpo que tanto anhelo sentía por él y la giro para mirarla a los ojos mientras le retiraba la ropa sobrante de su cuerpo dejándola completamente desnuda y expuesta. Acaricio sus pechos, se deleitó en ellos un buen rato, estirando sus pezones haciendo que gimiera complacida mientras sus dedos entraban en ella provocando espasmos en su cuerpo.

—Te voy a follar, preciosa—le dijo con una fuerte voz de deseo mientras se quitaba su ropa y dejaba ver su gran cuerpo tatuado.

Ella observaba como su quimera se hacía realidad mientras mordía su labio, deseando que por fin la poseyera. Y de todas las maneras posibles.

Los dos desnudos por fin admiraron sin tapujos esa piel, esos cuerpos que se reclamaban de manera constante desde hacía tiempo.

Él dibujo una sonrisa en su rostro al verse reflejado en los ojos de ellas que incitaban a un deseo anhelado.

Sus labios se posaron por su hombro derecho, besando la zona de manera pausada y calmada mientras sus manos acariciaban su sexo. De pie en medio de aquella fría sala él recorría su epidermis besando los propios tatuajes que una vez le hizo, marcando ese recuerdo con su boca, humedeciendo la zona. Suspiros y susurros de palabras lanzadas al aire, que solo ellos escuchaban y entendían.

Apoyo su grácil cuerpo contra la camilla mientras continuaba besando su espalda y acariciaba el tatuaje que aún no había completado.

—Luego tendremos que acabar el tatuaje—Le dijo al oído.
—Umhhh, claro—Respondió sin dejar de deleitarse contoneando sus nalgas contra la pelvis de él.

— ¿Me quieres volver loco? —Ella sonrío y siguió con su juego decadente, incitando, provocando al hombre y a su lujuria.

Ya no pudo controlar más la incitación que le provocaba y se adentró en ella mientras la mujer tuvo que dejar yacer parte de su cuerpo sobre la camilla por la fuerza de la embestida, provocando en ella un grito placentero. Sus cuerpos ya empezaban a exudar y los jadeos se dejaban escapar de sus bocas, mientras seguía embistiendo con fuerza una y otra vez, besaba su espalda y agarraba sus hombros para adentrarse en ella de manera salvaje, en sí quería fundirse con el cuerpo de esa mujer, ser uno y perderse dentro de ella como nunca lo había hecho en ninguna otra. Una cascada de sentimientos inundaba a la mujer mientras estaba siendo poseída de esa manera irrefrenable, lubricando su sexo de una manera exagerada, cosa que nunca le había pasado, cayendo por sus muslos el fluido de manera casi constante. La necesidad de romper su cuerpo atravesándola con un orgasmo se hizo latente en su fuerza, aumentando las penetraciones consiguió que se partiera en dos blasfemando y gimiendo. Cuando la escucho y le inundo de su más dulce elíxir se dejó ir para llenar su cuerpo de su esencia. Los dos se apoyaron con sus cuerpos aun temblando y sus miradas perdidas en el vacío, con un silencio para nada incómodo y sus manos juntas se entrelazaron creando una unión de cariño.





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