Enter your keyword

Me Buscas...

siguenos en facebook siguenos en Twitter

domingo, 30 de abril de 2017

ELLAS



Cristina enfundada en su falda de tubo y sus tacones de vértigo, mira de soslayo 
a ese hombre que le es prohibido. Tan simple como ir cada día a que le sirva el 
desayuno en aquel bar de una ciudad cualquiera.
Ella es feliz mientras él con una dulce sonrisa cada mañana le deja su café y 
cruasán en la misma mesa de siempre. Ella le sonríe de vuelta, siempre tímidamente.
Así es cada día, los pensamientos de Cristina volaban enfundados en las caricias 
que desea de aquellas manos. Aunque la situación entre ellos nunca se viviría, ella 
no podía ni quería dejar de soñar con ello.
Acabó su desayuno y se despidió de la gentil y enamorada pareja que atendía el local, 
ellos dos siempre tan sonrientes y tan cariñosos.
Cogió su ruta de siempre para ir a su trabajo, dispuesta a enfrentarse de nuevo a un día 
cualquiera; su desánimo a veces le hacía entristecer.
Pero ella es una mujer luchadora y así tranquila, se dirigió a su pequeña tienda de 
moda vintage.
Los días se le hacían eternos entre sueños, ella amaba y no era correspondida.
Una mañana en su pequeña boutique entró una mujer de rasgos dulces y sonrisa 
llamativa, admiraba la ropa que colgaba de las perchas con una sonrisa que le 
llegaba a los ojos. Cristina la observó al andar, mientras rozaba la tela de la ropa 
y esas manos de mujer se le hicieron apetecibles en su mente, era realmente 
preciosa con unos andares sosegados, pausados y, con un sutil y sensual magnetismo 
que le atraparon. Quería apartar de su cabeza esos pensamientos; pero era ver esos 
movimientos y contoneo femeninos y perderse entre sus curvas.
La mujer se giró hacía ella y le sonrío, una sonrisa sensual y bella. Como ella.
Cristina salió del pequeño mostrador para acercarse.
- Buenos días, ¿Necesita ayuda?- comentó con su mejor sonrisa.
La mujer le devolvió la sonrisa. De manera apetecible, o eso le pareció.
-Me encantaría probarme este vestido- respondió señalando uno de los modelos 
de los años cincuenta que tenía en su muestrario. «Con el cuerpo que tiene le quedará perfecto» Pensó Cristina.
-Le saco el de su talla. Sígueme a los cambiadores.
La mujer siguió a Cristina y espero en el cambiador a que ella le llevará el modelo 
que había elegido. Hacía tiempo que quería un vestido de ese estilo.
Cristina se acercó a la mujer con el vestido que le había pedido. Sabía que le quedaría 
perfecto.
-Te importa quedarte y así me dices como me queda el vestido-   Le pregunto con 
una sonrisa socarrona.
- Por supuesto, es mi trabajo atenderte como clienta-  le cogió el vestido de sus 
manos rozando levemente sus dedos al alejarse. Sin dejar de mirar directamente 
a los ojos.
Cristina empezó a sentir calor naciendo de la boca del estómago, ascendiendo  al 
resto de su piel, empezaba arder, mientras intentaba no fijarse en la mujer que se 
desnudaba frente a ella, sin ningún pudor. Era difícil permanecer indiferente a sus 
curvas, al color de su piel, al olor que desprendía. Su sexo rezumaba la humedad 
de la excitación, nunca se había fijado en una mujer de esa manera, la deseaba, recorrió 
su cuerpo de arriba abajo, sin darse cuenta que la mujer se había detenido desnuda y 
no se ponía el vestido, que había ido a probarse. Cuando sus pupilas se encontraron 
no pudieron evitar sonreírse, el ambiente estaba cargado de deseo, la fogosidad 
de sus cuerpos estaban respondiendo al contacto visual.
-Hazlo, lo deseas tanto como yo- dijo apoyándose en la pared del vestidor, ofreciendo 
su cuerpo desnudo, sin miramientos a una desconocida.
Cristina, nunca había estado en una situación similar, ni con un hombre. Pero el morbo 
le embriagaba. Se acercó a ella lentamente, admirando sus ojos café, sus labios carnosos 
pintados de rojo fuego. Sus pequeñas manos, empezaron a deslizarse por sus caderas,  y 
sin dejar de mirarse, ascendió por su cuerpo hasta alcanzar sus senos turgentes, con unos 
pezones rosados que despuntaban briosos excitados por el tacto de sus manos 
dulces y suaves. Los acarició provocando que su piel se erizará, primero con sus dedos, 
estirándolos, retorciendo, provocando el gemido de placer que hizo que arqueara su cuerpo 
y apoyará su melena en la pared. Cuando descendió y se metió por primera vez los pezones
 de una mujer en la boca, solo pudo que sentir el éxtasis del placer recorrer por su sexo, 
mojando sus bragas, que ya le molestaban. Como si ella supiera de esa necesidad metió 
sus manos entre su falda mientras ella lamia su pecho, devorando el menester que había 
surgido entre las dos. Le bajó la lencería que  se deslizó por sus muslos cayendo a sus tobillos, 
con un pequeño gesto alejó el fino tanga dejándolo a un lado. Las dos se miraron en ese 
momento y no pudieron contener las ganas de fundir sus bocas en un beso, dulce, evocador, enredando sus lenguas en un juego tentador, mientras sus manos se perdían en sus 
respectivos sexos, acariciando la humedad de sus labios, adentrándose en su oquedad, 
penetrando las dos al mismo, ritmo, ahogándose en sus gemidos mientras se besaban, 
apretando sus cuerpos, rozando sus pechos. Danzando en  un baile femenino de curvas 
embravecidas. Provocando la calidez de una culminación, ardiente y diferente a todo lo 
que había sentido anteriormente.
La puerta de la boutique, sonó, dando el aviso de que alguien había entrado, las dos 
mujeres se miraron sin poder evitar unas sonoras carcajadas cómplices de la locura que 
estaban viviendo. Cristina, se puso bien la falda, dejando el pequeño tanga en el suelo,  
se acercó a ella y le dio un último pero no menos ardiente beso en los labios;
-Cuando estés, sal para que vea como te queda el vestido, emmm ¿Te llamas?- sonriente 
se acercó a ella, para devolver el beso, y acercándose a su oído…
- Sofía…Ese es mi nombre.
- Cristina. ¡Encantada!- dijo sonrojada por la situación.
- Me encanta que te sonrojes, creo que me gustará provocar más situaciones como 
la de hoy…Ahora salgo.
Cristina se fue atender a la clienta, una de las típicas señoras molestas del Borne de 
Barcelona, que solo entraban a cotillear la extraña tienda que regentaba.
Sofía, salió embutida en su precioso vestido, despertando de nuevo el deseo adyacente 
y recién descubierto de Cristina.
Mientras se admiraba al espejo para ver cómo le quedaba, se acercó por detrás y la rodeo 
con sus brazos, apartando su cabellera y besando su cuello, las dos se observaban en el 
espejo.
-Eres preciosa, y este vestido  es perfecto para tu cuerpo.
-Gracias. Creo que es el modelo ideal para mi cita de esta noche.
Cristina, sintió la decepción de saber que esa mujer saldría de su vida al igual que había 
entrado, dejándole de nuevo el vacío que le acompañaba día tras día. Se apartó de ella, 
alejándose de la tentación, pero Sofía que se dio cuenta la volvió a rodear con sus brazos 
y haciendo que levantará su vista para mirar frente a frente a sus ojos…
-Por qué esta noche, vas a cenar conmigo, ¿Verdad?

No hizo falta más, se fundieron en un beso…


Bernice Xanthe

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho. Hay talento a la hora de contar, sensibilidad y sensualidad, delicadeza. La mejor prueba de la eficacia del relato es que lo he leído con una media sonrisa picarona en mis labios y un cierto cosquilleo en… (Un saludo).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Marco, un placer...Seguiremos leyéndonos!!!

      Eliminar

Popular